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Objeto Digital 1103
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Identificador:
 1103
Nombre:
Aqueloo
Monstruos y seres híbridos
Monstruos y seres híbridos:
 
Aqueloo
Nombre:
 
Aqueloo
Tema:
 
Aqueloo derrotado (panel de un mosaico que trata el tema de los Trabajos de Hércules).
Atributos iconográficos:
 
Cabello coronado con hojas lacustres.; roca (paisaje rocoso, con ramas de junco).
Escuela:
 
Romana.
Período/Cronología:
 
193-235 d.C. (época severiana).
Soporte y técnica:
 
Mosaico, Opus tessellatum.
Dimensiones:
 
2, 895 x 6, 020 m. (el mosaico completo).
Localización (Institución, Colección):
 
Colección particular, en Getxo (Vizcaya).
Fuentes primarias:
 
Arquíloco, Fragmentos poéticos, 287; Píndaro, Fragmentos., 249; Sófocles, Traquinias., 1-30; Apolodoro, Biblioteca, II, 7, 5; Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica, IV, 35, 4; Ovidio, Metamorfosis, IX, 27-88; Pausanias, Descripción de Grecia, III, 18, 16 y VI, 19, 12.
Descripción:
 
Este mosaico, procedente de la ciudad romana de Cártama, tiene como tema principal los Trabajos de Hércules, mostrando en uno de los paneles al dios-río Aqueloo. Si bien, aunque el enfrentamiento entre Heracles y Aqueloo no formaba estrictamente parte de los doce trabajos encomendados al héroe dorio, la representación del tema es común también en algunas ocasiones cuando se representa este tema en el arte clásico, especialmente en la musivaria romana.

Aqueloo, era uno de los dioses-río más importantes de Grecia, pues las fuentes clásicas hacen referencia a él como el más poderoso de los ríos y el primogénito de sus hermanos, que junto a otras 3000 Oceánides, conformaban la progenie de Océano y la titánide Tethys (Hesíodo, Teogonía, 340 y ss). Además, este río -conocido actualmente como Aspropótamos-, es el más largo del territorio griego, funcionando como frontera natural entre las regiones de Etolia y Acarnania.

Cuenta el mito que este dios-río se enamoró perdidamente de la princesa Deyanira, hija del rey Eneo de Calidón. Sin embargo, ésta no lo correspondía, ya que su aspecto monstruoso como dios acuático le desagradaba. Como divinidad fluvial, Aqueloo poseía el don de la metamorfosis -poder que comparte con otros dioses acuáticos en la Mitología griega, como son Tetis, Nereo o Proteo-, y podía transformarse en dragón, serpiente o toro, además de adquirir su forma humana. De este modo, cuando el héroe Heracles conoció a Deyanira y también se enamoró de ella, ésta se mostró más favorable al héroe para casarse con él. No obstante, antes tuvo que enfrentarse al dios fluvial Aqueloo, también pretendiente de la joven.

Uno de los pasajes conservados entre las fuentes escritas que cuenta con más detalle el aspecto del río y su poder de metamorfosis, es la narración que nos da Sófocles en las Traquinias, quien narra el mito en boca de la princesa Deyanira:

En efecto, tenía como pretendiente un río, me refiero a Aqueloo, el cual bajo tres apariencias, me pedía a mi padre. Se presentaba unas veces, en figura de toro, otras, como una serpiente de piel moteada y, otras, con cara de buey en un cuerpo humano. De su sombrío mentón brotaban chorros de agua como de una fuente” (Sófocles, Traquinias, 8-15. Trad. de Assela Alamillo, 1981).

Este poder de transformación fue precisamente el arma más poderosa que tenía el dios fluvial titular de Etolia frente a la poderosa fuerza de Heracles, quien sin embargo, en el preciso momento en que el dios-río se encontraba bajo el aspecto de toro híbrido (toro androcéfalo), logró arrancarle uno de sus cuernos y causó la derrota definitiva del monstruo. La lectura simbólica del enfrentamiento se ha relacionado a menudo por los estudiosos como la victoria de la civilización -encarnada por Heracles- frente a la barbarie -simbolizada por Aqueloo-; o bien, de lo humano frente a la naturaleza salvaje. En cualquier caso, el trofeo adquirido, es decir, el cuerno, simbolizó el Cuerno de la Abundancia o Cornucopia, haciendo de Aqueloo -y de los ríos en general- una alegoría de la fertilidad. Es llamativo cómo, además, a partir de época helenística, la cornucopia pasa a ser atributo de las divinidades fluviales en el arte clásico.

No obstante, hasta llegar a esa iconografía de divinidades fluviales representadas bajo el aspecto antropomorfo habría de suceder cierta evolución iconográfica, que protagoniza precisamente el dios-río Aqueloo a colación de este mito que acontece.

En un principio, desde época arcaica griega, vemos al dios-río en las artes representado con forma híbrida, como toro androsopos, es decir, con cuerpo de toro y cabeza humana barbada, iconografía que, como hemos relatado, se corresponde con ese poder de transformación entre diversos seres. Este tipo iconográfico es frecuente en los reversos monetales de algunas ciudades griegas y en la pintura vascular de figuras negras que muestran su disputa con Heracles por el amor de Deyanira. Esta iconografía perdurará durante la época clásica y lo veremos también en algunos relieves votivos de época postclásica y alguno helenístico que representan al dios-río junto a sus hijas, las Ninfas, junto a Hermes y Pan entrando a una cueva sagrada, tema que evidencia la importancia cultual que tuvo el dios-río junto a las Ninfas y otros dioses agrestes en la Antigüedad griega, pues poseía un culto panhelénico.

Es en época romana, sin embargo, cuando advertimos cierto cambio hacia un aspecto más antropomorfizado del dios, como resultado de la evolución iconográfica que sufrieron las divinidades fluviales en las artes hacia un aspecto totalmente humano por la amplia difusión que tuvo un prototipo que representaba al dios-río Nilo con aspecto totalmente humano surgido en Alejandría en época helenística y que cambiaría para siempre la iconografía de los dioses-río en el arte clásico (véase por ejemplo, una de las copias romanas más fieles al tipo original griego no conservado, en esta ficha: http://repositorios.fdi.ucm.es/Mythos/view/cm_view_virtual_object.php?idov=733&seleccion=1 ).

Así pues, en época romana, advertimos que el dios-río Aqueloo se muestra bajo un aspecto humano, pero en su caso sí conservará todavía la cornamenta taurina, como reflejo de su carácter asociado a la fertilidad y en relación con el mito protagonizado junto a Heracles. Otro cambio iconográfico que acontece en época romana, es que ya no se va a representar el momento de la disputa, sino el que corresponde a cuando Aqueloo ya ha sido vencido y aparece con el cuerno roto, humillado por Heracles. Así lo vemos en una pintura mural de una casa de Herculano, en algunos relieves romanos (véase, por ejemplo: http://repositorios.fdi.ucm.es/Mythos/view/cm_view_virtual_object.php?idov=1102&seleccion=1 ) y en varios mosaicos imperiales, como por ejemplo en Acholla, en otro mosaico bícromo de Roma, o como sucede en este caso. Es muy posible que el relato de Ovidio pudiera haber influido en los artistas de la época, pues éste centra su narración en el momento de la derrota:

Y si ahora te preguntara, Aqueloo, dónde están tus cuernos, dirías entre lamentos que la mano airada de Hércules te los arrancó. Y no fue Calidón ni Etolia entera motivo de tan gran cólera, sino únicamente Deyanira". (Ovidio, Amores, III, 6, versos 35-39. Trad. de Vicente Cristóbal López, 1989).

Por tanto, como se aprecia en la imagen del dios-río, se ha representado a Aqueloo derrotado, en posición sedente, sobre una roca en la que vislumbramos alguna rama de junco -que será otro de los atributos de los dioses-ríos en el arte romano- y con la cabeza gacha y apoyada sobre su brazo izquierdo, la cual va ornamentada con hojas lacustres, como es propio asimismo de la iconografía de las divinidades fluviales en esta época. Finalmente, si bien, la iconografía de la derrota de Aqueloo es la frecuente en época romana, el panel sintoniza con el resto en el conjunto del mosaico, que cuenta con la particularidad de que, en lugar de mostrar el enfrentamiento de Heracles con las diversas fieras a las que tuvo que vencer (como sucede por ejemplo, en otro mosaico procedente de Liria conservado en el Museo Arqueológico Nacional en Madrid), muestra en cada uno de los paneles conservados a cada adversario ya derrotado por el héroe dorio.
Observaciones:
 
El mosaico se encontraba originalmente en Cártama (Málaga).
Autor de la ficha:
 
Andrea Gómez Mayordomo.
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