La maga Circe tuvo también repercusión iconográfica en el arte romano, aunque de forma quizás menos frecuente que en la pintura vascular griega, soporte en el cual conocemos numerosas representaciones. En el arte etrusco igualmente hace su aparición, especialmente en los espejos broncíneos (por ejemplo, véase:
https://www.metmuseum.org/art/collection/search/248154), donde la se la representa entronizada protagonizando la escena de su encuentro con Odiseo, al que tratará de engañar sin éxito (Homero,
Odisea, X, 135-575).
En esta lucerna romana, procedente de Pozzuoli (Campania, Italia) se ha utilizado una composición similar a la de los espejos etruscos. Se trata de una lucerna de volutas (de tipo Loeschcke IV) en el que se puede apreciar la representación de una figura masculina barbada a la izquierda, identificada como Odiseo, el cual aparece únicamente ataviado con una clámide y un gorro cónico (
pilos). Con su mano izquierda está tocando su espada, que se puede apreciar todavía dentro de su vaina y que sobresale del cuerpo del hombre, mientras que eleva su mano derecha como un gesto que expresa interacción con el otro personaje. A su derecha, se encuentra una figura femenina entronizada, identificada como la hechicera, que se ha representado ataviada con un chitón e himatión. En su brazo izquierdo porta una gran vara mágica -atributo de la maga- y tiende a su vez su mano derecha hacia Odiseo. Merece destacarse que va tocada con una corona radiada, lo cual no es un atributo propio de la diosa en el arte griego, pero del que sabemos que probablemente existiera en otras representaciones -como por ejemplo la efigie de mármol hallada en el Monte Circeo, cuya corona se ha perdido (véase:
http://repositorios.fdi.ucm.es/Mythos/view/cm_view_virtual_object.php?idov=1056&seleccion=1 ). En todo caso, se trataría de un atributo bastante apropiado, dado que la diosa es hija del dios-sol Helios, y como tal, las fuentes se refieren a ella como la de “brillantes ojos”, algo que caracteriza a todos los descendientes del dios solar (véase por ejemplo, Filóstrato el Joven, VII, 1 o Apolonio de Rodas,
Argonáuticas, IV, 727-729, que se refiere a Medea y a Circe como familiares porque compartían este rasgo con las siguientes palabras: “
Pues toda la estirpe de Helios era reconocible a la vista, porque de lejos con los destellos de sus ojos lanzaban de frente un resplandor semejante al del oro”).
A pesar de la corona radiada, Circe no porta el recipiente con veneno que suele aparecer en el momento del ofrecimiento del mismo a Odiseo y que se convierte en su atributo en las artes. En cambio, ambos personajes se representan tendiendo la mano frente al otro como un gesto de diálogo, lo que podría vincular más esta representación con el momento inmediatamente posterior en la
Odisea, es decir, cuando Circe se percata de que su venenoso brebaje no hace efecto sobre Odiseo -recordemos que previamente el dios Hermes le había proporcionado un antídoto frente a este llamado
moly-, y al reconocer la identidad del héroe, que la amenaza con su espada, opta por dialogar con él y llegar a un acuerdo. De este modo, acabará devolviendo el aspecto humano a sus compañeros y juntos permanecerán en la isla de la maga compartiendo lecho durante un año.
Finalmente, en la representación se puede apreciar que la escena se ha situado en el umbral del Palacio de Circe, de donde sobresalen las cabezas de tres compañeros de Odiseo que habían sido transformados en animales, en este caso en caballos.