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Objeto Digital 1053
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Identificador:
 1053
Nombre:
Circe
Héroes y Heroínas
Heroínas:
 
Circe
Nombre:
 
Circe
Tema:
 
Circe ofrece la copa a Odiseo.
Atributos iconográficos:
 
varita mágica, skyphos, corona radiada.
Autor:
 
Pintor de Atenea.
Escuela:
 
Ática.
Período/Cronología:
 
490-480 a.C.
Soporte y técnica:
 
Cerámica pintada de figuras negras (lécito).
Dimensiones:
 
29 cm (altura); 10 cm (diámetro).
Localización (Institución, Colección):
 
Museo Arqueológico Nacional de Atenas (inv. A1133).
Fuentes primarias:
 
Homero, Odisea, X, 135 – 575; Higino, Fábulas, CXXV; Apolodoro, Epítome, VII, 14 – 17; Ovidio, Metamorfosis, XIV, 241 – 307.
Descripción:
 
Se trata de un lekythos de figuras negras sobre fondo blanco que fue hallado en Eritria (Eubea). Los lécitos eran pequeños recipientes que se utilizaban para almacenar aceite o pomadas y su función solía estar relacionada con el ritual funerario griego. En concreto, esta pieza está ricamente decorada en su parte superior, con motivos de palmetas y meandros en la parte del hombro, quedando su largo cuello, la boca, el asa y la base pintadas completamente con un barniz negro, como es común en esta tipología de vasos cerámicos. Es en la parte del cuerpo del vaso donde se concentra la decoración principal, que alude al pasaje mitológico del encuentro de Circe y Odiseo, narrado por Homero en la Odisea (X, 135-575) y por otros autores posteriores. El mito cuenta que, tras haber luchado contra el Cíclope, el héroe de Ítaca y sus compañeros llegan a una lejana isla llamada Ea, donde vivía una poderosa hechicera llamada Circe. Antes de adentrarse a explorar dicha isla y el majestuoso palacio donde vivía esta diosa, Odiseo decide dividir a la tripulación, y que solo una parte de ellos se adentre en el palacio. Estos fueron acogidos amablemente por la mujer, que vivía rodeada de sus bestias salvajes -leones y lobos en la versión de Homero-, y por sus siervas las ninfas. No obstante, uno de ellos, llamado Euríloco, quiso permanecer al margen y esperó escondido al no fiarse de la mujer. Esta fue la suerte de Odiseo y sus compañeros, pues, tras haber sido saciados con una pócima de queso, miel, cebada y vino -a la que la hechicera había añadido un perverso licor-, acto seguido fueron tocados por la varita de Circe y se transformaron en cerdos.
Conmovido por la escena que acaba de presenciar, Euríloco fue a avisar a Odiseo, el cual no dudó en ir a salvar a sus compañeros; pero antes, el dios Hermes se le apareció y le proporcionó un antídoto contra el veneno de Circe, una hierba llamada moly. Al llegar, la diosa le invitó a sentarse frente al banquete y le ofreció una copa con un brebaje, el cual no afectó a Odiseo, quien desenvainó la espada amenazando con dar muerte a la diosa. Ella entonces, asustada y cambiando de opinión, se ofreció a Odiseo, quien le hizo prometer que no le haría nada malo y le exigió devolver el aspecto humano a sus compañeros. Finalmente, Circe y Odiseo acabarían compartiendo lecho durante un año.

La plasmación de este pasaje mitológico en las artes fue muy frecuente en el mundo griego en la pintura vascular, especialmente en la cerámica ática de época arcaica, teniendo el tema su mayor difusión entre el siglo VI a.C. y el inicio del V a.C. (Canciani, 1992, 58), momento en el que se fecha este lécito.
La escena se compone de tres figuras, de izquierda a derecha se aprecia una figura híbrida, compuesta por cuerpo de hombre y busto de cerdo -o jabalí-, el cual ha sido identificado como uno de los compañeros de Odiseo ya transformado por la diosa. El aspecto híbrido para representar a los compañeros metamorfoseados en bestias por Circe en el arte griego se utilizó como recurso para el acto de transformación, algo que se aprecia también con otras figuras mitológicas representadas en el arte de la época como sucede por ejemplo con el dios-río Aqueloo en el pasaje en el que se transforma continuamente en distintos animales mientras que lucha contra Heracles (véase por ejemplo este caso: http://repositorios.fdi.ucm.es/Mythos/view/cm_view_virtual_object.php?idov=731&seleccion=1 ). Sabemos además que se trata de un compañero de Odiseo porque porta todavía sus armas y se dispone a huir de la figura femenina situada a su derecha, identificada como Circe, responsable de su desgracia, mientras que gira su cabeza porcina hacia el lado contrario, siendo testigo del encuentro entre los otros dos personajes. En el centro de la composición se sitúa la figura de la hechicera, la cual se ha representado con largos cabellos y ricamente ataviada con un chitón. Porta en su mano izquierda un recipiente (skyphos), que contiene el líquido venenoso, el cual remueve con su varita mágica con la otra mano. Probablemente la diosa se situase aún en el interior de su palacio, pues a su izquierda se ha representado un diphros, trono del cual aparentemente ella acaba de levantarse. Se trata del momento del ofrecimiento de Circe de la copa con el veneno a Odiseo, a quien llama, y el cual se ha representado en el lécito sentado sobre una roca (por tanto, fuera del palacio, que en todo caso situaría la escena en el umbral del mismo) (Giuliani, 2004, p. 89). El héroe, aunque con la espalda envainada todavía, se mantiene en actitud de alerta portando sus dos jabalinas enfrente de ella. Los siguientes versos de la Odisea son los que precisamente citan este momento representado en el lécito del ofrecimiento de la copa:

Ya pisaba el umbral de la diosa de hermosos cabellos; me detuve y grité desde allí y, al sentir la llamada, tras abrir las espléndidas puertas salió e invitóme a que entrara; seguía angustiado en mi alma y ya dentro me sentó en un sillón tachonado con clavos de plata, bien labrado y hermoso; a mis pies colocó un escañuelo y mezcló en una copa de oro un brebaje agregando venenoso licor: meditaba en su ánimo el crimen”. Homero, Odisea, X, 310-317. Trad. de José Manuel Pabón, 1993).

El encuentro de Circe y Odiseo, y en concreto el ofrecimiento de la copa de esta al héroe, es un tema con que cuenta con una enorme repercusión iconográfica a través de la Historia del Arte, teniendo una importante difusión en la Antigüedad -principalmente en la pintura vascular griega, pero también en el arte etrusco (espejos y urnas) y en el romano (por ejemplo en algunas lucernas), y que ha llegado hasta la Época Contemporánea de la mano de autores prerrafaelitas como Waterhouse, pasando por numerosas representaciones en manuscritos medievales o en la pintura barroca. En todas ellas, la diosa se muestra imponente -pues todavía no ha descubierto la identidad del héroe Odiseo- y porta los dos atributos que la identifican; es decir, la varita y el recipiente donde ha mezclado su pérfido veneno.
Observaciones:
 
La identificación de los personajes ha sido posible mediante los numerosos paralelos que existen de la escena en la pintura vascular griega y por los atributos iconográficos de los personajes representados, pues las inscripciones que aparecen en el lécito son ilegibles y probablemente se hicieron con una intención decorativa, siendo de imitación.
Autor de la ficha:
 
Andrea Gómez Mayordomo.
Objeto Digital 1053
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