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Objeto Digital 998
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Identificador:
 998
Nombre:
Eos/Aurora
Dioses
Dioses Menores:
 
Eos/Aurora
Nombre:
 
Eos/Aurora
Tema:
 
Eos enamorada: Eos persigue a un joven cazador (Céfalo)
Atributos iconográficos:
 
Alas; mujer perseguidora y raptora de jóvenes
Autor:
 
Anónimo
Escuela:
 
Ática
Período/Cronología:
 
Ca. 470-460 a. C.
Soporte y técnica:
 
Cerámica pintada: hidria de figuras rojas
Localización (Institución, Colección):
 
Heidelberg, Ruprecht-Karls-Universitat, 83.1
Descripción:
 
Eos, alada, de perfil, tiende sus brazos e inclina su cuerpo todo hacia un joven, al que ya consigue agarrar, mientras que él intenta escapar de ella. El joven mira hacia la diosa, estando su cabeza también de perfil; pero su cuerpo, casi frontal (en tres cuartos), se apresura en dirección contraria. Nos encontramos, por tanto, con una escena típica de persecución amorosa, como es propio de esta diosa, así como de otros dioses del sexo contrario.
Muchos son los vasos en los que está pintada la misma escena protagonizada por Eos: la diosa, alada, de perfil casi siempre, se lanza con los brazos tendidos hacia un hombre que huye, mirando hacia ella pero dirigiendo sus pasos al lado opuesto. Él es muy joven, un efebo, como muestra el hecho de que siempre es imberbe. Las variaciones más notables dentro de este esquema casi uniforme residen por un lado en los atributos del joven; por otro, en el hecho de que intervengan o no otros personajes; por último, en la actitud más o menos acusada de los protagonistas: el gesto de "captura" de ella, que puede llegar a tocarlo, como aquí, y el de rechazo de él, o en el mayor o menor apresuramiento, pues a veces es una auténtica persecución a la carrera. Una cierta simetría es marcada por el ángulo que trazan sus brazos al unirse y por sus cabezas, en la misma posición, aunque se diferencian estas por la prolongación respectiva: una más extensa, constituida por las alas de ella, al mismo nivel casi que la cabeza, y otra menor, que forma el sombrero de él.
El perro entre ambos origina de alguna manera una composición tripartita, la preferida tanto en las artes plásticas como en la literatura. Eos, una vez más, viste con sencillez: un simple quitón sin adornos y un pañuelo (un cecrífalo, o un sakkos) que le cubre el cabello recogido. Son las alas las que denotan su carácter divino y maravilloso. La diosa persigue aquí a un joven cazador, como deducimos por el atuendo de él: clámide y pétasos (el sombrero de alas anchas). De modo que podemos pensar entonces que se trata de Céfalo, el cazador ateniense, pues son los atributos que le caracterizan como un cazador los que le distinguen de otros jóvenes igualmente perseguidos por Eos, como Titono, Orión y Clito. Esta imagen es en especial relevante para identificar al joven como cazador sin duda y en concreto como Céfalo, porque, además, lleva una jabalina (dos, más exactamente) y le acompaña un perro. Y son precisamente la jabalina y el perro los atributos característicos ya no sólo de los cazadores en general sino de Céfalo muy en particular, por ser éstos los regalos que le hizo su esposa Procris: un perro infalible en la caza, y una jabalina que nunca erraba en el blanco; regalos mágicos, pero funestos a la larga. El mito de Céfalo es muy complejo, y, al parecer, en su historia se han mezclado en época tardía dos mitos independientes. Los dos sucesos fundamentales son su unión con Eos, que dio como fruto un hijo, Faetón, como indica Hesíodo en la Teogonía (986ss.). Aunque este poeta no menciona que la diosa lo hubiera raptado, pues por primera vez se encuentra citado el rapto de Céfalo por Eos en la tragedia Hipólito de Eurípides (454s.). El otro suceso es su matrimonio con Procris, hija del rey ateniense Erecteo: una historia de amor intenso, pero también de celos y de infidelidades. En conclusión, tras la separación de los esposos por la traición de ella (motivada en gran parte por los celos de él), se reconciliaron convencidos al fin de su mutuo amor. Pero los celos ahora de ella desencadenaron la tragedia, pues Céfalo mató involuntariamente en una cacería a Procris con los propios regalos –infalibles- que ella le había entregado para hacerse perdonar.
Especialmente semejante a esta hay alguna otra imagen que muestra asimismo a Eos, alada, persiguiendo –sujetándolo ya- a un joven cazador (Céfalo), que viste clámide y pétasos y lleva además la jabalina y el perrito. Así, un pélice ático de figuras rojas, de ca. 460/50 a. C. (Paris, M. Louvre G 230), en que también se encuentran ambos personajes solos.
Autor de la ficha:
 
Alicia Esteban Santos
Objeto Digital 998
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