Localización (Institución, Colección):
New York, Metropolitan Museum (n.20.192.17)
Fuentes primarias:
Teócrito, Idilios VI, 34-38 y IX, 30-33.
Ovidio, Metamorfosis, XIII, 740-897.
Descripción:
Fue Teócrito el verdadero responsable de la visión galante del Cíclope Polifemo como ser tierno y no exento de cierta coquetería. Las inclinaciones musicales de Polifemo, no sugeridas directamente por Homero y la tradición homérica, pasan en esta visión pastoril a primer plano, dado que la música formaba parte esencial en la usanza de la literatura bucólica, siempre referida a escenarios naturales y protagonizada por sencillos pastores embelesados por albas ninfas. Y así lo imaginaron los pintores desde la Roma altoimperial, en los frescos pompeyanos.
Esta pintura, obra maestra entre las de su género, decoró la pared oriental de alcoba 19, el llamado “Cuarto Mitológico”, en la Villa Imperial de Boscotrecase (Villa de Agrippa Postumus) y pertenece al sistema decorativo pompeyano conocido como “Tercer estilo”, procedimiento en el que las escenas mitológicas de diversa naturaleza fueron predilectas para decorar las habitaciones de las casas romanas.
En ella se representa una imagen sinóptica, que combina dos momentos separados de la vida del cíclope: su aventura amorosa con Galatea (en primer plano) y el encuentro con Odiseo (al fondo). Ambos episodios se funden en un paisaje bucólico al servicio de la Mitología, de tal suerte que los personajes se disponen sobre un escenario natural, en el que los efectos perspectivos y la gama cromática utilizada han sido meticulosamente estudiados. Como es bien sabido, los paisajes bucólicos y/o mitológicos tienen en común una fórmula compositiva caracterizada por la presencia de una columna o elemento vertical en el centro.
Polifemo está sentado en el centro de la composición, sobre un afloramiento rocoso, cuidando de sus cabras. Sostiene en su mano derecha su flauta, una siringa de múltiples cañas (instrumento pastoril por antonomasia), y mira fijamente a la hermosa Galatea, que aparece montada sobre un delfín, en el margen izquierdo del cuadro, sobre la superficie marina. En la parte superior del conjunto puede advertirse la faceta más brutal del cíclope, que lanza una piedra al fugado Odiseo cuya nave se divisa en la lontananza, surcando el mar.
La nereida es una delicada joven, de carnación muy blanca (en clara alusión a su nombre) y cabello bruno, de tonalidad cobriza; ocupa la superficie marina del cuadro, montada a lomos de un delfín, mientras escucha atenta los requiebros de Polifemo. Un manto flotante (atributo característico de las divinidades marinas) ondea al viento por encima de su cabeza. Va levemente cubierta por un manto de tonalidad amarillenta que cubre la parte inferior de su cuerpo y deja visible su torso; tiene la cabeza está coronada por una delicada cinta sobre la que puede apreciarse el cróbilo y como ornamentos luce gargantilla, pendientes y pulsera.
Como en no pocos ejemplos de pinturas pompeyanas, la técnica pictórica es suelta, de rápida pincelada, casi "impresionista".