Fuentes primarias:
El mito da tema a la tragedia Bacantes de Eurípides Así describe un mensajero la tremenda escena del despedazamiento:
"Su madre fue la primera en iniciar, como sacerdotisa, el sacrificio, y se echa encima de él. Penteo se arrancó la diadema del cabello para que lo reconociera y no lo matara. Al mismo tiempo decía, acariciando su mejilla: “Soy yo, madre mía, yo, tu hijo! […]” Pero ella echaba espuma de la boca y revolvía sus pupilas en pleno desvarío, sin pensar lo que hay que pensar. Estaba poseída por Baco y no atendía a Penteo. Cogiendo con sus dos manos el brazo izquierdo y apoyando el pie en los costados del desgraciado, le desgarró y arrancó el hombro…" (Eurípides, Bacantes 1124-1126. Trad. García Gual).
A continuación, el anciano Cadmo asume la triste tarea de recoger los pedazos del nieto diseminados por los montes:
CADMO: "Seguidme trayendo la triste carga de Penteo, seguidme servidores hasta el palacio. Su cuerpo, por el que me he fatigado en incontable búsqueda, lo traigo aquí, después de encontrarlo en los repliegues del Citerón descuartizado, sin hallar dos trozos en un mismo sitio, sino diseminado por el bosque, difícil de rastrear". (Eurípides, Bacantes 1218-1220).
Descripción:
Cara A. Dioniso y su cortejo. Cara B. Muerte de Penteo
En el lado A, Dioniso, coronado de hiedra, está sentado en el centro, rodeado de ménades y un sátiro que toca la flauta. Las ménades llevan restos del cuerpo de Penteo. El dios tiene en una mano el kántharos y en la otra, ramas de vid o hiedra.
En el lado B, Penteo está siendo despedazado por la ménades, en concreto, por su madre, Ágave, y su tía, Autónoe, que sujetan su cuerpo ya descuartizado. Ellas llevan pieles de animales a modo de mantos, como es propio de las ménades
Comentario:
Dioniso viajó a Oriente, y llegó hasta la India para extender el cultivo de la vid. Después regresó a Grecia, decidido a instaurar su culto en Tebas, la patria de su madre, Sémele. Lo narra Dioniso en el prólogo de la tragedia Bacantes de Eurípides:
Dejando atrás los campos de los lidios y los frigios, de los persas […] he llegado en primer lugar a esta ciudad de los griegos, tras de haber llevado allí también mis coros y fundado mis ritos, a fin de ser un dios patente a los mortales. A Tebas, la primera en esta tierra helénica la he alzado con mi grito [...] Porque las hermanas de mi madre, quienes menos hubieran debido, aseguraban que Dioniso no había nacido de Zeus, sino que Sémele, desposada por algún mortal, le atribuía a Zeus la culpa de su furtiva unión (Eurípides, Bacantes, 12ss. Trad. García Gual).
En Tebas reinaba Penteo, su primo, otro nieto del anciano Cadmo. Penteo se opuso al nuevo culto y se burló del dios, no reconociéndolo como tal; incluso le encarceló junto con sus seguidoras, las bacantes, para evitar que las mujeres de la ciudad celebrasen sus ritos. Pero Dioniso se liberó milagrosamente de sus cadenas y castigó con la mayor crueldad a Penteo y también a la madre y a las tías de éste –las hermanas de Sémele- por despreciar su culto y negar su origen divino. El dios los enloqueció a todos: a las mujeres, convirtiéndolas en ménades que, en pos de él, corren al monte Citerón, en medio del furor y desenfreno báquico; al joven rey, infundiéndole tal deseo de espiarlas que se deja vestir de mujer por Dioniso para hacerse pasar por una de ellas. Pero es sorprendido por las bacantes, que lo confunden con una fiera. Es su propia madre, Ágave, quien, delirante y poseída del dios, lo agarra con fuerza y despedaza (el sparagmós ritual, el despedazamiento de la presa cazada), jactándose de haber cazado un león, cuya cabeza lleva a palacio y exhibe con orgullo, hasta que, horrorizada, vuelve en sí de su locura. Esta historia compone la trama de la tragedia Bacantes de Eurípides, que protagonizan el dios y, a la par, su enemigo, Penteo. También tienen intervención importante Ágave, la madre de Penteo, y Cadmo, sul abuelo, el fundador de Tebas.
Hay otros mitos análogos en que el dios, como en Tebas, castiga a las mujeres trastornándolas.
Paralelos:
Hay algunas otras imágenes que plasman el despedazamiento de Penteo:
Tapa de lekanis ática de fig. rojas Ca. 450-425 a.C. París, Musée du Louvre G 445 (S 1456). Aquí encontramos el momento previo.
Mientras que en esta otra ya ha sido totalmente desmembrado: Hydria ática de fig. rojas. Ca. 500 a. C. Berlin, Staatliche Museen 1966. 18