Localización (Institución, Colección):
Nueva York, Metropolitan Museum (Accession Number:26.60.27)
Fuentes primarias:
Herodoto, Historia, 2. 51
Plato, Hipparchus, 228d
Esopo, Fábulas, 564
Pausanias, Descripción de Grecia, 1. 24. 3
Descripción:
En la antigua Grecia, las hermas (hermai, hermae) se utilizaron originariamente para delimitar espacios y señalar encrucijadas; su función principal era la de proteger a los viajeros y caminantes, así como cosechas y ganados. Es creencia común que las primitivas hermas estuvieron asociadas a Hermes, dios de los viajeros, mensajero de los dioses y protector de los ganados. De simples mojones de piedra, en el siglo VII a.C., pasaron a ser pilares con rostro humano y algún otro rasgo antropomorfo (genitales, especialmente) y se convirtieron en populares objetos de culto en época clásica, prodigándose mucho su presencia, especialmente en el ámbito ateniense.
Además, de Hermes, el rostro de Dioniso fue habitual en el período clásico, siempre barbado, de acuerdo con un patrón iconográfico arcaizante (barbado, con melena larga y de edad madura). Algunos investigadores, como Hetty Golmand proponen que el modelo originario de las hermas fue aquel en el que se representaba a Dioniso, un dios rústico cuya máscara servía de coronamiento a un poste (como puede verse en algunos vasos pintados). También Dioniso es un dios viajero, relacionado estrechamente con la naturaleza, los árboles y la fertilidad; dios de la muerte y la resurrección.
Andando el tiempo, ya en época helenístico-romana, los hermas fueron utilizados como elementos decorativos en villas y jardines, perdiendo su primitivo simbolismo apotropaico. El modelo original pasó a otras divinidades, en ocasiones con doble rostro y también a personajes notables, poetas..., aunque siguió designándose, de modo genérico, como herma.
El prototipo iconográfico de Dioniso, ya citado, también pervivió en época romana, como demuestra el ejemplo elegido; en este caso, como en otras muchas obras, el herma, con sentido decorativo ha quedado reducido a un busto, formato muy habitual en la escultura romana. Se trata de un ejemplo muy interesante por su eclecticismo: aúna ese modelo barbado de antiguo origen (barba larga, rizada y de remate cuadrado), con un semblante idealizado, característico del más puro clasicismo griego, rasgos que los escultores romanos hicieron convivir en no pocas de sus creaciones. Su tocado no deja lugar a dudas sobre la identificación del personaje.