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Objeto Digital 481
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Identificador:
 481
Nombre:
Dioniso/Liber
Dioses
Dioses Olimpicos:
 
Dioniso/Liber
Nombre:
 
Dioniso/Liber
Tema:
 
La bacanal de los andrios
Autor:
 
Tiziano, Vecellio di Gregorio (1490-1576)
Escuela:
 
Veneciana
Período/Cronología:
 
1523-1526
Soporte y técnica:
 
Óleo sobre lienzo
Dimensiones:
 
175 x 193 cm.
Localización (Institución, Colección):
 
Madrid, Museo del Prado
Fuentes primarias:
 
Filóstrato, Imágenes I, 25; Catulo, Carmina LXIV, 60-71; Aristóteles, Problemata XXX, 1
Descripción:
 
Esta pintura de Tiziano es fruto de un encargo de Alfonso d’Este, el duque de Ferrana, que realizó un llamamiento a diversos pintores, entre los que también se contó Giovanni Bellini, para decorar una de sus estancias del castillo ducal, el denominado ‘Camerino de alabastro’. Tiziano, además de ésta, realizó otras dos obras de gran formato para el camerino: la ‘Ofrenda a Venus’, conservada también en el Museo del Prado, y el ‘Baco y Ariadna’ de la Nacional Gallery de Londres, con los que guarda una estrecha relación, tanto desde el punto de vista formal como temático.
En el caso concreto de la ‘Bacanal de los andrios’, Tiziano se inspira en la descripción contenida en las ‘Imágenes’ de Filóstrato (I, 25) de una de las obras pictóricas conservadas en una antigua pinacoteca de Nápoles. El maestro veneciano se basa, por tanto, en la écfrasis de una antigua pintura en la que podía verse la bacanal celebrada en la isla de Andros donde, por la gracia de Dioniso, corría un río de vino: “quien bebe de sus aguas bien puede desdeñar las del Nilo y el Istro y decir de estos ríos que serían más estimados si, aun siendo mucho más pequeños, tuviesen un caudal semejante” (Imág. I, 25, 1). Tal y como describe Filóstrato, la abundancia de este sagrado caldo lleva a los andrios a cantar, bailar y celebrar una bacanal acompañados del ‘thíasos’ báquico y en espera de la llegada del propio Dioniso: “Vemos en la pintura lo siguiente: el río, presa de gran agitación, yace sobre un lecho de racimos, vertiendo vino puro; y junto a él crecen tirsos, del mismo modo que lo hacen las cañas junto a los ríos de agua. Si seguimos adelante, más allá de los grupos de bebedores, acabamos por encontrar en la desembocadura a los Tritones, que recogen vino en sus conchas; unos beben, otros soplan en sus instrumentos marinos, otros ya están borrachos y bailan. También Dioniso navega hacia la orgía de Andros; una vez arribada su nave al puerto, dirige un heterogéneo tropel de sátiros, bacantes y silenos. Dirige a Risa y a Como, dos genios muy alegres y aficionadísimos a la bebida, para llevar a cabo con el mayor placer la vendimia del río.” (Imág. I, 25, 3).
Tiziano, inspirado por este texto, representa su particular visión de la bacanal de los andrios. El entorno elegido es un bucólico rincón de la isla, desde el que puede verse la costa, enmarcado por altos árboles de los que penden racimos de uvas e iluminado por un cielo de intenso azul surcado por nubes. De acuerdo con la descripción de Filóstrato, el mítico río es un pequeño arroyuelo que corre a los pies de la ninfa recostada del extremo inferior derecho y en torno al cual se arremolinan todos los personajes principales, exceptuando el joven que se sienta en la pradera junto a un par de ánforas acompañado de un perro —en la zona central del cuadro— y, por supuesto, el anciano tumbado en el lado superior derecho del mismo. Éste resulta particularmente interesante pues, de acuerdo con las palabras de Filóstrato, “yace sobre un lecho de racimos”; esta circunstancia, unida al hecho de que se acomoda a la iconografía habitual empleada para la personificación de las corrientes fluviales, generalmente, un anciano recostado sujetando un cántaro manante, ha sugerido que pueda tratarse de una personificación del río mismo (Falomir, 2003: 166-167). En este caso, si no “presa de gran agitación”, sí ebrio y abandonado, el anciano yace alejado del plano principal de la escena.
Continuando con la descripción que inspiró a Tiziano, las figuras centrales responden a la agitación propia de la bacanal descrita por Filóstrato y dotan al cuadro de un armónico movimiento que, organizado en torno a una línea diagonal ascendente, parece culminar en la indolente figura del anciano. Varios de estos personajes presentan actitudes relacionadas con la libación del vino; en el extremo izquierdo del cuadro un hombre desnudo, de vientre prominente, levanta ávido una vasija de la que parece beber copiosamente; a su espalda, otro hombre, carga sobre sus hombros una bella cratera como si de un Atlas se tratara; en el centro, bajo los árboles, un joven se estira para escanciar vino sobre el plato que ofrece indiferente una de las mujeres sentadas a su pies; y, finalmente, otro personaje, ataviado con una túnica blanca, alza al cielo una jarra cristalina conteniendo el sagrado líquido que parece ofrendar ritualmente. Además de la bebida, el cuadro esconde referencias al erotismo propio de estas celebraciones en los sutiles juegos de miradas entre personajes, particularmente la pareja danzante de la derecha, y, por supuesto, en el magnífico desnudo que ocupa la esquina inferior derecha.
Esta bellísima mujer, cuya piel nacarada destaca por su luminosidad en el conjunto de la obra, rompe el hilo compositivo de la diagonal ascendente y, se constituye, sin duda, en un foco de atención que no se corresponde con cita alguna del ya citado texto de Filóstrato. Su postura, que sugiere un sueño placentero, constituye un arquetipo iconográfico propio del descanso que puede verse en las representaciones de Endimión desde la antigüedad clásica, así como también en la consabida imagen de Ariadna dormida, de la que existe un magnífico ejemplar también en el Museo del Prado (Catálogo nº E00167); a pesar del paralelismo iconográfico, no cabe la posibilidad de considerar la presencia de Ariadna en esta escena, tanto por su ausencia en el texto de Filóstrato como por el hecho de que su encuentro con Baco se produjo en la isla de Naxos, episodio representado precisamente por Tiziano en la ya citada obra conservada en la National Gallery. Por ello, se ha interpretado como una ninfa abandonada a los placeres del vino o bien, tal y como afirma Erwin Panofsky (2003: 108) apoyado en un texto de Catulo (Carmina LXIV, 60-71), como una bacante; en cualquier caso, gracias a su bellísimo desnudo Tiziano acentúa el erotismo latente en esta bacanal. La evidente inspiración del maestro veneciano en prototipos escultóricos, como la Ariadna dormida, el Atlas anteriormente citado u otros como el ‘Galo suicidándose’ de los Museos Capitolinos —para el escanciador que centra la escena— ha sido destacada particularmente por Miguel Falomir (2003: 166-167).
De acuerdo con el texto de Filóstrato, además de las actitudes ya descritas y de los “grupos de bebedores”, el primitivo modelo de la pinacoteca napolitana mostraba también grupos de Tritones ocupados en diferentes anhelos, recogiendo vino en sus conchas, bebiendo o soplando sus instrumentos marinos, mientras otros aparecían ya borrachos y bailando (Imag. I, 25, 3). La música, por tanto, juega un importante papel en este episodio y Tiziano lo refleja a través del baile que ejecuta la pareja de la derecha, así como de la canción que parecen entonar los dos personajes situados bajo el árbol, detrás del joven escanciador; pero, además, Tiziano sitúa a dos mujeres, recostadas en el centro del cuadro, que sostienen en sus manos sendas flautas dulces y junto a las que puede leerse con claridad una partitura. Se trata del ‘Canon per tonos’ de Adrian Willaert, que evoca el texto “Chi boyt ety ne reboyt il ne seet que boyre soit” (“Quien bebe y no repite no sabe lo que es beber”), que redunda en la idea de la celebración báquica (Grupo de Iconografía Musical Complutense: http://iconografia.aedom.org/obras/la-bacanal-de-los-andrios/ ). Estas dos mujeres han sido interpretadas como ménades, si bien, en este caso, Tiziano las ha vestido a la moda contemporánea y, por ello, se ha supuesto también, que la que sostiene el plato y se adorna con violetas, podría ser un retrato de la amante del pintor, Violante (González, 2009:160). Ambas mujeres han abandonado la ejecución musical y parecen ocupadas en una íntima conversación.
En opinión de Erwin Panofsky (2003: 107), la obra recuerda la descripción de Aristóteles acerca de las diferentes reacciones y actitudes que provoca la ingestión del vino (Problemata XXX, 1), aspecto que, en cierto sentido, también puede apreciarse en el texto de Filóstrato: “...este río hace a los hombres ricos, dominantes en la asamblea, dadivosos con los amigos, guapos y de cuatro codos de altura; cuando uno ha bebido hasta hartarse, puede reunir todas estas cualidades y apropiárselas mentalmente. Cantan, además, que éste es el único río no enturbiado por bueyes ni caballos, pues, al proceder de Dioniso, sus corrientes, destinadas tan sólo a los hombres, se beben impolutas. Eso es lo que puedes imaginar que oyes cantar a algunos, aunque sus voces suenen gangosas por el vino" (Imag. I, 25, 2). Asimismo, Panofsky (2003: 106 y ss.) ha destacado también la presencia del tema de las tres edades del hombre en este cuadro, representadas por los jóvenes danzantes, el anciano y el infante que orina frente al río y que otros autores han interpretado como un símbolo de la risa que también acompaña a la embriaguez (Falomir, 2003: 166-167).
Finalmente, tal y como reza el texto de Filóstrato, el dios se halla ausente, “Dioniso navega hacia la orgía de Andros…” (Imág. I, 25, 3). El maestro veneciano obvia, por tanto, su presencia, pero el barco en el que arribará en un futuro inmediato a la isla para unirse con su cortejo a la fiesta ocupa casi el centro geométrico del cuadro, con las blancas velas desplegadas, como una auténtica epifanía del dios. La presencia de Dioniso en esta obra está, por tanto, velada, oculta en las actitudes mismas de los personajes que la pueblan, en los efectos del vino, en la propia explosión dionisíaca de alegría y desinhibición que caracteriza a este armónico grupo de jóvenes, escondida en el disfrute mismo de la vida que se respira en esta bucólica escena. Tiziano obliga, por tanto, al espectador a ver al dios a través de su manifestación en los hombres, a adivinar la omnipresencia de la divinidad a través de sus efectos.
Autor de la ficha:
 
Mª Amparo Arroyo de la Fuente
Objeto Digital 481
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