Abandonada por Teseo en una playa de la isla de Naxos, la hermosa Ariadna dormía cuando la encontró Dioniso, a su regreso de la India. Fascinado por la belleza de la hija de Minos, el Dios la hizo su esposa y la condujo con él hasta el Olimpo. Como regalo nupcial le ofreció una diadema de oro fabricada por Hefesto, más tarde convertida en la constelación de la Corona Boreal.
El arte griego había prestado mucha atención al momento en el que Dioniso encontró a la princesa Ariadna en la playa de Día. Sin embargo, desde el siglo I a.C. se generalizó en las artes plásticas el tema del Dioniso y Ariadna montados en un carro (tirado habitualmente por panteras), acompañados por un cortejo de sátiros y ménades que celebran su triunfo; este asunto que generalmente se designa como el "Triunfo de Baco y Ariadna" fue muy popular en el arte romano, particularmente en los mosaicos y en los sarcófagos y estaría llamado a tener gran desarrollo en la iconografía del arte occidental de todos los tiempos (Tiziano, Doso Dossi, A. Carracci, Velázquez, Rubens,Poussin, M. Claes Cornelisz, Delacroix y muchos otros pintores lo interpretaron, como es sabido, con sus pinceles) .
Las primeras manifestaciones del mismo que nos ha legado el arte romano, proceden de las pinturas pompeyanas, donde ya vemos a los recién desposados en un carro conducido por bueyes y acompañados por Sileno y ménades (
http://www.theoi.com/Gallery/F12.2.html ). Como se ha señalado, los relieves de los frentes de los sarcófagos ponen ante nuestros ojos un nutrido repertorio de imágenes en las que Dioniso y Ariadna celebran su triunfo, precedidos por un cortejo o thíasos de acompañantes que danzan al son de la música, en bulliciosa procesión.
En el ejemplo que mostramos, el cortejo triunfal está encabezado por una ménade danzante de largo chiton que hace sonar un
tympanon. Tras ella marcha un sátiro con una piel de pantera sobre el brazo izquierdo, que sostiene un cántaro y una patera en sus manos; entre ambas figuras, una pantera al galope dirige su testa hacia el citado sátiro.
Otra ménade con manto flotante sobre su cabeza hace sonar los
crótala y deja al descubierto (parcialmente) su pecho; dicha figura dirige su atención hacia el sátiro danzante que marcha tras ella, tañendo la tibia y ataviado con un manto de piel de pantera anudado al cuello.
A continuación desfila Pan, barbado y con extremidades inferiores caprinas, de acuerdo con su iconografía habitual; en su mano izquierda sostiene un
pedum (cayado curvo propio de los pastores) y con su diestra dirige las riendas de las panteras que sirven de tiro al divino carruaje. Junto a Pan, otro sátiro con una antorcha encendida y el pequeño Cupido que cabalga a lomos de las panteras tocando la cítara, son referencia explícita al himeneo.
Cerrando el cortejo, en el extremo izquierdo de la composición y cobijados por un emparrado repleto de racimos, Dioniso y Ariadna se acomodan sobre el carro, en actitud amorosa. Dioniso es joven e imberbe, de acuerdo con el modelo praxiteliano y va coronado de hiedra; por su parte, Ariadna, cubierta sólo parcialmente, está identificada por el gesto de su brazo derecho flexionado sobre la cabeza, un tópico asociado al sueño (a su propio sueño) y en este caso, a su actitud de buena predisposición al encuentro amoroso.
La iconografía dionisíaca en los sarcófagos romanos puede interpretarse como una alusión al triunfo sobre la muerte y la promesa de resurrección.