Fuentes primarias:
Estrabón, Geografía IX,1,20; Pausanias, Periégesis I, 23, 7; I, 33, 1; III, 16, 7-8; VIII, 46, 3; Euripides, Ifigenia entre los tauros; Heródoto, Historiae VI, 138, 1; Aristófanes, Lisístrata, 636-647; Calímaco, Himno a Ártemis.
Descripción:
El santuario de Braurón, en Ática, fue uno de los principales lugares de culto a Ártemis, quien tomó este topónimo como epíteto; el recinto sacro de la diosa ubicado en el seno de la acrópolis ateniense estuvo dedicado a Ártemis Brauronia. El origen mítico de este importante lugar de culto se vinculaba con Ifigenia, hija de Agamenón, quien en su huida de Taúride, arribó a este paraje portando una arcaica estatua de culto de madera de la diosa (Pausanias, Per. I, 33, 1; Eurípides, Ifigenia..., 1435 y ss.) que, posteriormente, sería arrebatada por Jerjes (Pausanias, Per. VIII, 46, 3) y, más tarde, llevada por Seleuco a Siria. Según el relato de Eurípides, en Braurón se habría producido también el episodio del sacrificio de Ifigenia, sustituyendo entonces la diosa a la joven por un toro o una osa; por este motivo, en este mismo santuario, donde se suponía que estuvo ubicada la tumba de Ifigenia, le fue dedicado un templete a modo de pequeño heroon.
En el santuario de Ártemis Brauronia se llevaban a cabo ritos iniciáticos o prematrimoniales de niñas que, según las fuentes, contando entre los 5 y los 10 años, debían residir durante una temporada al amparo de la diosa. Durante su estancia, se evocaba el mítico encuentro entre una muchacha y una osa consagrada a Ártemis que, tras atacar a la niña, fue abatida por sus hermanos; por este motivo, la diosa castigó a los atenienses con una hambruna (García Romero, 2015: 47). Como expiación, las niñas, disfrazadas de osas, con ropas de color azafrán (Aristófanes, Lisístrata 636-647), realizaban una carrera ritual que concluía su formación al servicio de Ártemis.
Durante las excavaciones de este santuario se hallaron múltiples exvotos que mostraban retratos de las jovencísimas iniciadas bajo el amparo de la diosa y otros, como éste, que representaban los sacrificios debidos a la deidad por las familias atenienses. El relieve mostrado ilustra la ofrenda de la familia de Lycoleon, concretamente de su esposa Peisis, tal y como reza la inscripción grabada en la cornisa. Muestra el sacrificio de un toro, que es llevado hasta un pequeño altar por un joven; tras él se sitúan Lycoleon y su esposa, seguidos por una niñera que acompaña a sus cuatro hijos y un sirviente que porta una caja cubierta con telas sobre su cabeza. De acuerdo con el texto de Eurípides, cuando una mujer fallecía durante el parto, los peplos bordados que guardaba en su casa, eran ofrendados a Ifigenia en el santuario de Braurón (Eurípides, Ifigenia… 1463).
Ante el altar se sitúa la tríada apolínea: Ártemis, Leto, sentada, y Apolo, sosteniendo una rama de palma. La diosa Ártemis se encuentra de pie, vestida con un largo peplo y sosteniendo una antorcha. Éste es un atributo habitual de la diosa, relacionado con su identificación tanto con Hécate como con Selene y que aparece como atributo de la hermana de Apolo en el Himno de Calímaco: “Concédeme, padre querido que pueda conservar la virginidad eterna, y muchos nombres para que Febo no me aventaje. Dame flechas y arcos...Dame una antorcha y que pueda ceñirme una túnica adornada hasta la rodilla para dar caza a los animales salvajes” (Himno a Artemis, 1). La preeminencia de Ártemis en este santuario es evidente por su ubicación privilegiada frente al altar, acompañada, a su espalda, por Leto y Apolo. El atributo iconográfico destacado, la antorcha, puede estar también relacionado con la práctica de realizar las carreras rituales de noche y con antorchas, tal y como ejemplifican algunos de los fragmentos cerámicos que ilustran los rituales celebrados en el santuario de Braurón (García Romero, F. 2015: 48).