Descripción:
Al estudiar los testimonios literarios clásicos llegados a nuestros días, constatamos la existencia de continuas luchas de Ares, entendido como divinidad de la oscuridad, contra los dioses que simbolizan la luz. En todas ellas triunfan siempre las deidades luminosas. Heracles, héroe civilizador, derrotó a Ares en dos ocasiones con la ayuda de Atenea. La primera fue en Pilos y la segunda en Tesalia, cuando Ares intentó vengar la muerte de Kiknos. Ambos relatos son símbolo del triunfo de la luz sobre la oscuridad y sus iconografías se circunscriben a cronologías muy concretas en los siglos VI y V a. de C.
Kiknos () es citado en la mitología clásica como uno de los hijos de Ares, violento y sanguinario, casado con la princesa Temistónoe, de ojos negros, hija del rey Ceix de Traquis. Kiknos fue habido por Ares con Pelopia de Pyrene y es conocido en la mitología clásica como Kiknos de Macedonia, el reino situado al Norte de Grecia que los helenos consideraban bárbaro en sus costumbres. Kiknos es salvaje por dos razones: es natural de Macedonia y es hijo de Ares. La mitología clásica lo imaginó como un bandido que detenía a los viajeros y peregrinos, les robaba y torturaba hasta matarlos y ofrecía sus despojos y vísceras a su padre en holocausto, lo que ayuda a documentar el sacrificio humano hecho en honor de Ares en los siglos oscuros de la religión griega. Hesíodo cuenta que Kiknos deseaba construirle a Ares un templo edificado con los huesos de sus víctimas, que se contaban por cientos. El templo estaba situado sobre una colina a las orillas del río Echedorus. Como corresponde a uno de los hijos predilectos de Ares, Kiknos se ensañaba con particular violencia contra los peregrinos que iban a tributar culto a Febo en Delfos. No se debe olvidar que a Apolo se le identifica con el Sol y a Ares con un dios de oscuras intenciones. Precisamente, el ensañamiento y la violencia es lo que atrajo la cólera de Apolo, que pidió a Heracles que se enfrentara contra él y le diera muerte. La principal fuente para conocer la muerte de Kiknos es El Escudo de Heracles de Hesiodo, 57-466. Antes de iniciarse el enfrentamiento, Atenea instruyó a Héracles y a Yolao cómo habían de atacar a Kiknos. Cuanto Atenea desapareció, se produjo el encuentro de Kiknos y Heracles. Primero dialogan. Heracles le advierte que va de camino a Traquis y que le debe permitir pasar sin enfrentarse, profetizándole que morirá si se enfrentan a él, tal y como consta en el libro del destino. Kiknos entiende que los huesos de Heracles, por el hecho de ser un semidiós, hijo de Zeus, han de ser un bello colofón en la construcción del templo a Ares. El enfrentamiento entre ambos es inevitable.
Hesiodo describe el combate comparándolo con los enfrentamientos violentos que se producen en la naturaleza: Como dos leones furiosos entre sí por una cierva muerta se atacan –su rugido es terrible y a la vez les rechinan los dientes- aquellos, como buitres de curvas garras y corvos picos luchan sobre una escarpada roca con fuertes graznidos por una cabra montesa o una hermosa cierva salvaje a la que abatió un esforzado varón hiriéndola con una flecha lanzada por su arco –él no sabiendo el lugar se marchará por otro lado, en tanto que aquellos la descubren en seguida y precipitadamente se enfrascan en terrible combate por ella-, así aquellos gritando se lanzaron uno contra otro. Entonces por cierto, Kikno, ansioso de matar al hijo del muy poderoso Zeus, arrojó sobre su escudo la broncínea lanza; pero no lo rasgó el bronce, sino que la rechazó. El Anfitrioníada, el fornido Heracles, entre la coraza y el escudo presto alcanzó con su larga lanza el desnudo cuello, violentamente, por debajo del mentón; y el fresno matador de hombres cortó ambos tendones; pues vino a dar allí la enorme fuerza del héroe. Se desplomó como cuando se desploma una encina o un enorme pino asestado por el humeante rayo de Zeus. Así se desplomó y en torno a él resonaron las armas labradas en bronce.
La historia prosigue con la intervención de Ares para vengar la muerte de su hijo Kiknos. Primero, Ares disparó su lanza contra Herakles, pero Atenea se interpone y desvía el golpe. Luego, armado con la espada, Ares baja del carro y se lanza contra Herakles. Pero en la melé de ataque, Herakles consigue herir a Ares en el muslo y el combate termina cuando Fobos y Deimos, hijos y parte del cortejo de Ares, acuden en socorro de su padre, le montan en el carro y le llevan de nuevo al Olimpo. Ares, derrotado, sintió el dolor de ver muerto a su hijo, de no recibir más sacrificios humanos, no poder vengar su muerte y no ver concluido el templo de las calaveras. Pero, por encima de todo, Ares es humillado en su virilidad castrense al ser derrotado por un semidiós y recibir una herida en el muslo. Hesiodo termina la historia explicando que: Muerto Kiknos y huído Ares, Heracles y Yolao se encuentran a solas con el cadáver de Kiknos y le despojan de sus bellas armas de bronce. El rey Ceix da correctas honras fúnebres a su yerno y se insiste en que asisten los mirmidones al funeral. No por respeto al hijo de Ares, sino por aprecio al rey Ceix. Por último, Apolo ordena al río Anauro, crecido por la lluvia, desbordarse y destruir el templo de las calaveras y la tumba de Kiknos, borrando así cualquier memoria de ambos proyectos.
La representación de Kiknos vencido por Herakles fue un tema relativamente habitual en la cerámica ática de figuras negras y figuras rojas. Son muchos los ejemplos dentro del contexto cultural de los siglos VI y V a. de C., es decir, en el final del periodo arcaico, durante el clasicismo severo y gran clasicismo. La derrota de Kiknos parece haber sido un tema casi exclusivamente Ático y ello obedece a la preocupación de los atenienses por justificar la guerra como una acción justa y amparada por Atenea. De este modo, las potencias oscuras, identificadas como los enemigos de Atenas, los Persas (identificados con los centauros) y los Macedonios y Tracios (identificados con Kiknos), fueron vencidas por las potencias de la razón, amparadas por Atenea, Apolo y Herakles. Las guerras Médicas y el esfuerzo por impedir la expansión de los pueblos bárbaros del Norte, dotó a la iconografía de la derrota de Kiknos de un valor ideológico que hasta entonces no había tenido.
La variante iconográfica más habitual para representar este tema compone la escena como si fuera un friso narrativo, tal y como aparece en la hidria de figuras negras del Museo Vaticano, atribuida al pintor de Madrid, obra interesante de la segunda mitad del siglo VI a. de C., entre el 520 y el 510 a. de C. En ella, con notable sentido de la captación del movimiento, Herakles carga toda su fuerza contra Kiknos y se dispone a rematarle de un golpe con la clava. Kiknos se desploma en el suelo. Su postura, retorcida, y el gesto de terror en los ojos, con la cara oculta por el casco, son un gran logro del pintor a la hora de captar el dolor y el terror de quien se desploma derrotado. Ares, vestido con linotorax, casco, grebas y escudo, se dispone a usar la lanza contra Heracles y Atenea a detener la lanza, de modo que ambos funcionan a la manera de un paréntesis compositivo. A veces la escena puede enriquecerse con otras figuras, como la presencia de Temistónoe, hija del rey Ceix de Traquis, la esposa de Kiknos, la presencia de Iolus, o decoraciones en los escudos relacionadas con la agresividad del combate, como son serpientes, tal y como su cede en la hidria ática de figuras negras, atribuida al pintor del grupo de Leagros o al pintor del grupo Vaticano, datada entre el 510 y el 500 a. de C., que se conserva en el museo de arte de Toledo, Ohio.