Descripción:
Semele fue una de las múltiples amantes de Zeus/Júpiter que sufrió la venganza de la celosa Hera/Juno. En este caso, la diosa sembró la duda sobre la veracidad de su relación con Zeus y convenció a la joven mortal de que solicitara al dios que se mostrara en todo su esplendor: “Y, además, no es suficiente con ser Júpiter; que te entregue una prenda de amor, si es que es el auténtico; pídele que te abrace a ti tan inmenso y tan imponente como lo recibe la excelsa Juno, y que se revista antes de los atributos de su gloria” (Ovidio, Met. III, 281 y ss.). El dios, que había prometido conceder a su amante cuando desease, se vió entonces obligado a cumplir su promesa y Semele murió abrasada por las llamas y los rayos de su amante que, aunque trató de disuadirla, sólo pudo salvar al pequeño Dioniso, del que estaba embarazada, y ocultarlo en su muslo para terminar así la gestación.
Moreau elige para mostrar este mito el instante preciso de la muerte de la joven Semele. La figura de la madre de Dioniso centra la escena, no obstante, resulta insignificante ante la magnífica imagen de Zeus. Semele está recostada sobre la rodilla derecha del dios, retrocediendo horrorizada con los brazos en alto y apenas cubierta con un manto que oculta su sexo; la blancura de su piel destaca entre el conjunto de abigarradas figuras que la rodean. La disposición de ambos, amén de la sangre que mana del costado de Semele, parece una velada referencia a las imágenes cristianas de la Piedad, invirtiendo el sexo de la iconografía tradicional y subrayando la divinidad mediante el tamaño y la grandeza de Zeus, una imagen de superioridad abrumadora de la deidad que encaja perfectamente con el episodio narrado.
Este Zeus sedente, que sostiene a su amante moribunda en sus piernas, difiere de la iconografía clásica: es un joven imberbe, de larga melena y ataviado con una indumentaria ornada de piedras preciosas, el trono sobre el que descansa está profusamente decorado con elementos vegetales y arquitectónicos. En conjunto, su imagen debe mucho a la iconografía hindú. En la mano derecha sostiene un lirio blanco y apoya la izquierda en una lira, asimilando su imagen a la de un joven Apolo, bello y sereno. El lirio, símbolo de la pureza en el cristianismo, puede hacer aquí referencia a la luz que emana de la divinidad. Moreau representa la causa de la muerte de Semele, el inmenso poder de Zeus, a través de la magnificencia del dios y los rayos de luz que emanan de su cabeza, cuyo arquetipo iconográfico remite de nuevo a la imaginería cristiana. Bajo su pie derecho, Moreau ha representado un uroboros, la serpiente que se muerde la cola, arcaico símbolo egipcio de eternidad que puede aludir a la inmortalidad del dios.
Junto a Semele, una pequeña figura alada se tapa los ojos; puede tratarse del Amor, Eros/Cupido, horrorizado por la escena, aunque en ocasiones se ha identificado con Baco, el hijo de Semele a quien Zeus rescata y termina de gestar en el interior de su propio cuerpo. Entre el follaje que rodea el trono, pueden apreciarse pequeñas figuras que parecen observar la escena y que son fruto de la profusión decorativa que domina esta obra.
A los pies del trono, Moreau sitúa dos figuras femeninas, dos alegorías que simbolizan y casi describen lo que está ocurriendo: la Muerte, situada a la derecha de Zeus, sosteniendo una espada ensangrentada, y el Dolor, sosteniendo un lirio y tocado con una corona de espinas, nueva referencia a la iconografía cristiana. Entre ambas figuras, la Muerte y el Dolor, el águila de Zeus extiende sus oscuras alas, como una metáfora del propio relato. A derecha e izquierda dos efigies femeninas aladas, de alas irisadas, flanquean la escena.
La parte inferior del cuadro, que se inicia con la figura meditabunda de Pan como símbolo de la Tierra, acoge a una serie de personajes ocultos en las sombras. Esta zona inferior está dominada por Érebo, la oscuridad, y Hécate, a la izquierda del espectador, coronada por un creciente lunar. El complejo sentido del conjunto, de acuerdo con el simbolismo, parece aludir a una visión cosmogónica pues el autor aprovecha este episodio para representar un esquema vertical que desciende desde el cielo, dominado por la luz y la presencia de Zeus, pasando por la Tierra, representada por Pan, hasta terminar, finalmente, en el oscuro mundo subterráneo, dominado por la oscuridad y la noche. En este sentido, Moreau parece oponer a Hécate, coronada con el creciente lunar, con un Zeus solar, coronado de luz y asimilado a Apolo.
Esta obra de Moreau responde a las características del simbolismo, tanto por la temática descrita como por las dispares influencias, no sólo del arte clásico, sino también oriental. El tema permite al autor mostrar una escena de ámbito sobrenatural en la que desplegar las referencias oníricas y ocultistas tan del gusto de los autores simbolistas; esta abigarrada visión del mito, que confirma la vigencia del pensamiento clásico en el siglo XIX, está subrayada, desde el punto de vista técnico, por la mezcla de oscuridad y colorido que completa un conjunto casi hipnótico.