Descripción:
Esta obra de Coustou muestra a Vulcano sentado sobre el yunque en el que trabaja. El dios está desnudo, ya que el manto con el que se vestía ha caído a su espalda y entre sus piernas, cubriendo tan sólo el sexo; la anatomía de este Vulcano barbado, de aspecto maduro, no remite en absoluto al defecto físico que suele destacar la iconografía, la cojera originada por su caída desde el Olimpo. Al contrario, la potente musculatura del dios evoca modelos helenísticos y la torsión del cuerpo, así como la postura de las piernas, recuerda vagamente al denominado Torso Belvedere, aunque sin reproducir la hercúlea anatomía de esta obra conservada en los Museos Vaticanos.
El dios se ocupa en la forja de un bello yelmo que reposa sobre el yunque y en el que apoya su brazo izquierdo; con su mano derecha sostiene el martillo junto al que el artista ha representado también las tenazas. La escena puede hacer referencia a la forja de las armas de Aquiles, cuya elaboración relata Homero, deteniéndose especialmente en los detalles del escudo (Homero, Il., XVIII, 478-605) pero haciendo también una breve referencia al casco: “Después de fabricar el alto y compacto escudo, / le hizo una coraza que lucía más que el resplandor del fuego / y también un ponderoso casco ajustado a sus sienes, / bello y primoroso, que encima tenía un áureo crestón, / y también unas grebas de maleable estaño” (Homero, Il., XVIII, 609-613). La descripción se adecúa al yelmo esculpido por Coustou, en el que destacan la elaborada cimera y las carrilleras.
También según el relato homérico, Tetis, temerosa por el destino de su hijo, acudió al taller de Hefesto para solicitarle que forjara las armas de Aquiles; el dios, agradecido por los cuidados dispensados por la diosa después de su caída desde el Olimpo (Homero, Il., XVIII, 394-409), se esmeró en la elaboración del escudo y las armas de Aquiles, cuya posesión, a su muerte, provocaría el enfrentamiento entre Odiseo y Áyax. Se ha propuesto la teoría de que el yelmo pueda hacer referencia a Ares y, por tanto, a la infidelidad de la esposa de Hefesto, Afrodita, con el dios de la guerra; no obstante, el hecho de que la escena represente al dios trabajando parece más acorde con una de sus esmeradas labores, de entre las cuales, quizá la más representada y trascendente fuera, sin duda, la forja de las armas de Aquiles. En este sentido, la escena se ajusta al relato homérico: “Tras hablar así, la dejó allí y fue hacia los fuelles. / Volvió a colocarlos al fuego y los puso a trabajar. [...] Colocó bajo el fuego inflexible bronce y estaño, / valioso oro y plata, y a continuación / puso un gran yunque en el cepo, y, mientras con una mano asía / el potente martillo, con la otra sujetaba las tenazas” (Homero, Il., XVIII, 468-477).
Finalmente, la actitud de este Vulcano, que parece abandonar por un momento el trabajo para atender a un supuesto interlocutor, sugiere la hipotética presencia de una Tetis suplicante. Cabe destacar que, siempre según el relato homérico, Hefesto fragua las armas de Aquiles en presencia de Tetis, ya que el canto XVIII finaliza precisamente con la entrega de las citadas armas y la partida de la diosa: “Tras terminar toda la armadura, el ilustre cojitranco / la levantó y la presentó delante de la madre de Aquiles, / que, cual gavilán, descendió de un salto del nevado Olimpo, / llevando las chispeantes armas de parte de Hefesto” (Homero, Il., XVIII, 614-617).
Observaciones:
Guillaume II Coustou perteneció a una prolífica familia de escultores franceses que trabajaron en encargos oficiales de la corte parisina durante el siglo XVIII. Este Hefesto sirvió a Guillaume II Coustou para ingresar en la Real Academia de Pintura y Escultura en 1742; entre 1736 y 1739, había estudiado en la Academia Francesa en Roma. Desde un punto de vista formal, la escultura responde a un modelo ya empleado por su padre, Guillaume I Coustou (1677-1746), en algunas de sus obras, en las que representa diferentes episodios míticos mediante figuras sedentes, de potente anatomía, captadas en forzadas posturas; es el caso de un pequeño Marte de terracota (Guillaume I Coustou, Louvre RF 4683), así como, especialmente, del denominado Hércules sobre la pira (Guillaume I Coustou, Louvre MR 1809) que remite, al igual que este Hefesto, a modelos helenísticos.
Museo del Louvre: inv. nº MR 1814.