Descripción:
Está decorada en el exterior con un ciclo iconográfico muy complejo, que incluye un total de 270 figuras y 121 inscripciones en griego clásico, sin tener en consideración las figuras que ocupaban los fragmentos no llegados a nuestros días. La composición se organiza en seis frisos de diferente tamaño y tienen el preciosismo abigarrado del arte de la miniatura. Las temáticas iconográficas desarrolladas son la lucha de los pigmeos contra las grullas, la emboscada de Aquiles a Troilo ante las murallas de Troya, el regreso de Hefesto al Olimpo, el cortejo de los dioses festejando las bodas de Tetis y Peleo, la carrera de carros en memoria de Patroclo, el enfrentamiento de lapitas y centauros, la caza del jabalí de Calidón, la danza de los jóvenes que Teseo salvó de morir devorados por Minotauro, el traslado del cadáver de Aquiles por Ayax, Artemis señora de los animales salvajes, Gorgona volando y una riquísima decoración de animales fantásticos y flores, cubriendo las pinturas la totalidad de la superficie del vaso en un auténtico horror vacui.
Uno de los frisos narrativos más interesantes es el que muestra la entrada de Hefesto en el Olimpo. Hefesto fabricó un trono mágico en el que quedó presa su madre, Hera, con el objeto de exigirle después la mano de la diosa Afrodita. Para liberar a la esposa de Zeus era necesaria la intervención del inventor del ingenio, lo que suponía el reconocimiento de los dioses Olímpicos a la extraordinaria habilidad metalistera de Hefesto. Los dioses mandaron que Hefesto fuera llamado al Olimpo y todos los enviados fracasaron en su objetivo excepto Dionisio, que emborrachándole y sobre un asno itifálico, consiguió subirle a presencia de los dioses en una verdadera entrada triunfal, no exenta de un carácter irónico. Tras la promesa de casarle con Afrodita, accedió a liberar a su madre. El fragmento que interesa al objeto del análisis de la iconografía de Ares en el vaso Françoise, es el que muestra a Atenea abroncando a Ares por no haber conseguido convencer a Hefesto de subir al Olimpo. Se trata de una de las efigies más primitivas de Ares que se conocen. En el arte arcaico griego se formula el modo habitual de representarle en el arte griego del periodo arcaico y del clasicismo severo, modo que apenas varió a lo largo del tiempo: armado con la panoplia militar que corresponde a un hoplita del periodo arcaico, es decir, como si fuera un soldado de infantería pesada, con el casco, coraza, lanza, escudo y grebas o polainas, todo ello fabricado en bronce, detalle que explicaría, por el brillo del metal, algunos de los epítetos aplicados a Ares en los poemas de Homero y Hesiodo, como broncíneo y reluciente (Homero, Iliada, canto XX, v. 46 y Canto XVI, v. 543). Ares es el dios del combate furioso y violento, aquel que practica el guerrero homérico, un modo de lucha aristocrático e individual, en el que el combatiente se encuentra poseído por un estado de furor que los antiguos denominaban lysa, en un afán incontenible por alcanzar la victoria y la gloria que ésta lleva consigo. La crueldad y el gusto por la sangre que demuestra este tipo de guerrero es la esencia de la personalidad furiosa y violenta de Ares y es aquí donde se encuentra la diferencia más importante respecto a Atenea, que es también una diosa guerrera, pero que actúa con moderación, es decir, Atenea es diosa de la guerra en lo que tiene de acto de inteligencia por medio de la estrategia, mientras que Ares es dios de la guerra entendida como violencia irrefrenable e irracional. Mientras Ares lucha por placer, Atenea lo hace de acuerdo a una razón determinada (lo que no quiere decir que ésta sea una guerra justa).
Tradicionalmente se ha relacionado el nombre de Ares con el sustantivo griego que significa ruina o perdición y se ha interpretado a este Dios como la simple personificación de la fuerza destructiva elemental de la naturaleza. Algunos mitólogos han considerado que el nombre Ares procede del término griego , que significa macho, masculino o viril. En tal caso, cabría interpretar a Ares como la personificación de las cualidades más varoniles del hombre asociadas al ámbito castrense. Ares está citado en Homero y en Hesíodo simplemente como dios de la guerra en lo que ésta tiene de bestial, implacable, feroz, inhumana y sanguinaria, es decir, en todo lo que podría considerarse negativo. La diferencia entre la actitud de Ares ante la guerra, respecto de la actitud que tienen otros dioses, es que los otros dioses orientan la guerra de acuerdo a un fin concreto y son batalladores por la necesidad de defenderse, por rencor, por sentimiento de venganza, por defender a otros pueblos o por proteger a los héroes a quienes amparan. Ares combate simplemente por gusto. Su inclinación natural es la guerra en sí misma, ni combate por amistad, ni combate por honor, ni por ningún motivo particular, más allá del placer que le produce lo sanguinario. En realidad, para Ares no habría amigos ni enemigos, sino sólo lucha, guerra, muerte, sangre y destrucción. En ese sentido debe ser entendido como la doble personificación del sustantivo y es decir, como un binomio de conceptos contrapuestos en el que lo femenino encarna el poder creativo de la vida y lo masculino, a través de la guerra, el poder destructivo.
En el vaso Françoise se presenta ya este carácter dual. Ares aparece acuclillado en el momento en que Atenea le regaña por no haber cumplido con eficacia la misión que le habían encomendado: traer a Hefesto, su hermano, al Olimpo. A los ojos de los griegos resultaba irónico que el Dios de la Guerra fuera incapaz de cumplir una misión tan sencilla y regresar sin éxito, pero no hay que olvidar que Atenea también fracasa en la extraña misión de conducir a su hermano al Olimpo para liberar a Hera del trono donde había quedado aprisionada. Aunque conocemos algunas fuentes escritas que relatan el mito de la entrada triunfal de Hefesto en el Olimpo, ninguna de ellas recoge el detalle de Atenea regañando a su hermano Ares por su ineficacia, de modo que el valor de este detalle del vaso Françoise es muy relevante porque, a través de la iconografía, se reconstruir un pasaje mítico que las fuentes escritas conservadas silencian.
Ares es representado en el vaso Françoise de perfil, descalzo, con grebas en las pantorrillas y muslos al descubierto, dejando los genitales al aire, pectoral cubierto por un linotorax (un peto de cuero con refuerzos metálicos) que le protege el pecho y casco con penacho de cimera levemente caída para manifestar acaso que Atenea le está regañando y siente vergüenza de su escasa habilidad. Lleva larga lanza en la mano derecha y escudo que apoya en el suelo con la izquierda. Así mismo, tiene el pelo largo que le sale por detrás del casco y le cae por la nuca.