Descripción:
«A ella la engendró por sí solo el prudente Zeus de su augusta cabeza, provista de belicoso armamento de radiante oro. Un religioso temor se apoderó de todos los inmortales al verla. Y ella, delante de Zeus egidifero, saltó impetuosamente de la cabeza inmortal, agitando una aguda jabalina. El gran Olimpo se estremecía terriblemente, bajo el ímpetu de la de ojos de lechuza. En torno suyo, la tierra bramó espantosamente. Se conmovió, por tanto, el ponto, henchido de agitadas olas, y quedó de súbito inmóvil la salada superficie. Detuvo el ilustre hijo de Hiperión sus corceles de raudos pies por largo rato, hasta que se hubo quitado de sus inmortales hombros las armas divinales la virgen Palas Atenea. Y se regocijó el prudente Zeus. Así que te saludo a ti también, hija del egidíjiro Zeus, que yo también me acordaré de otro canto y de ti «. (Himnos Homéricos, Himno XXVIII).
El asunto principal es el nacimiento de Atenea. Un oráculo había vaticinado que Zeus sería destronado por el primogénito nacido de su unión con Metis, su primera esposa. Tratando de evitarlo, el dios deglutió a Metis, que estaba encinta de una niña. Pasado el tiempo de la gestación el padre de los dioses se vió aquejado por un dolor terrible de cabeza y pidió a Hefesto que abriera su cráneo para aliviar su mal. Este fue el nacimiento prodigioso de Atenea, que surgió completamente armada de la cabeza de Zeus.
Otras tradiciones míticas la hacen hija de Posidón(Pausanias, 1. 14. 6 y Suidas), aunque no tuvieron difusión ni expresión iconográfica.
Zeus ocupa el centro de la composición, sentado sobre un taburete sin respaldo, con los pies apoyados en un escabel y ataviado con túnica talar; sostiene en sus manos el cetro y el rayo, atributos iconográficos de su divina jerarquía. De su cabeza surge la diminuta figura de Atenea, completamente armada con escudo, lanza y yelmo corintio, en actitud rauda y beligerante.
A ambos lados de Zeus, se disponen dos diosas de aspecto idéntico, son las parteras o Ilitías, figuras divinas que presiden los nacimientos y patronas de las comadronas. Llama la atención la marcada gestualidad de sus manos, que las otorga gran protagonismo en torno al acontecimiento representado; con su ademán exagerado (similar al que realizan los otros personajes, subrayan su asombro ante el prodigioso alumbramiento). Su fisonomía las convierte en gemelas, concebidas iconográficamente como Korai, de largos cabellos y ataviadas con finas túnicas de lujoso bordado.
A continuación se han representado Hefesto y Posidón, dioses que asisten al evento. La presencia de Hefesto queda justificada por ser este protagonista activo del parto, el encargado de asestar el golpe en el cráneo de Zeus. Todavía con el hacha doble (labrys) en su mano izquierda, eleva la diestra en señal de asombro, mientras inicia su marcha para alejarse del lugar; la túnica corta que le sirve de indumentaria le caracteriza como herrero y artesano. Luciano narra del siguiente modo el papel de Hefesto en el nacimiento de la diosa y el asombro ante el mismo:
Hefesto: Aunque sea contra mi voluntad, daré el golpe. ¿Qué otra cosa puedo hacer, si tú lo ordenas?... ¿Qué es esto? ¿Una doncella armada? Grande era el mal que tenías en la cabeza, Zeus. Con razón estabas tan irritable, puesto que bajo tu cerebro estabas engendrando una doncella tan grande, y armada por añadidura…
Luciano, Diálogos de los dioses VIII (Traducción Grupo Tempe).
Posidón, ricamente vestido, sostiene el tridente en su mano y al igual que Hefesto, decide abandonar el lugar de los hechos con actitud y gesto admirados.
Dos figuras femeninas de dudosa identificación, quizás Afrodita y Anfítrite, esposas de Hefesto y Posidón respectivamente, cierran la composición por ambos lados; ambas dirigien su mirada y su turbado gesto hacia la figura de Zeus y la recién nacida. La figura situada junto a Hefesto (la posible Afrodita) sostiene una corona en su mano, acaso un presente para celebrar la portentosa epifanía.
El ejemplo propuesto constituye una de las representaciones más antiguas del tema, un asunto de gran trascendencia en el mundo griego, en particular para Atenas, donde la diosa ejerció, tras su disputa con Posidón, la tutela de la ciudad. Son muy numerosos los ejemplos de cerámicas áticas de los siglos VI y V a.C., cuya decoración presenta este episodio que, como es bien sabido, pasaría a ser monumentalizado, como tema principal del frontón occidental del Partenón, en las manos de Fidias y sus ayudantes.
Estilísticamente, merece señalarse la monumentalidad de la composición y de las figuras, característica del arcaísmo ático.