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Objeto Digital 377
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Identificador:
 377
Nombre:
Artemis/Diana
Dioses
Dioses Olimpicos:
 
Ártemis/Diana
Nombre:
 
Artemis/Diana
Tema:
 
Ártemis Efesia
Atributos iconográficos:
 
Disco lunar, tiara, prótomos de animales
Autor:
 
Anónimo
Escuela:
 
Asiática
Período/Cronología:
 
S. II d.C.
Soporte y técnica:
 
Mármol tallado
Dimensiones:
 
174 cm.
Localización (Institución, Colección):
 
Éfeso, Museo de Éfeso
Fuentes primarias:
 
Plinio el viejo, Historia Natural, XXXVI, 21; Antípatro de Sidón, Antología griega IX, 58; Jenofonte de Éfeso, Efesíacas I, 2.2 y ss.
Descripción:
 
El santuario de la diosa Ártemis en Éfeso fue, sin duda, uno de los más importantes de la Antigüedad. Plinio el Viejo describe, en su Historia Natural (XXXVI, 21), esta ingente edificación que fue considerada una de las siete maravillas del mundo; en opinión de Antípatro de Sidón, uno de los inspiradores de este afamado registro de maravillas, el Artemision fue la más deslumbrante de todas ellas.
He posado mis ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, que es una calzada para carruajes, y la estatua de Zeus de los alfeos, y los jardines colgantes, y el Coloso del Sol, y la enorme obra de las altas Pirámides, y la vasta tumba de Mausolo; pero cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: aparte de desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande. (Ant. Gr. IX, 58).

Plinio afirma que su construcción se dilató durante ciento veinte años y que estaba rodeado por ciento veintisiete columnas de más de diecisiete metros de altura, lo que permite hacerse una idea de las imponentes dimensiones del templo. Fue el más importante santuario de la diosa, donde se la veneraba bajo todas sus atribuciones: protectora de la fecundidad y de la maternidad, Señora de los Animales, diosa cazadora... Las fiestas en su honor se describen en las Efesíacas de Jenofonte (I, 2.2 y ss.) y en ellas no sólo participaban las doncellas de la ciudad sino también los efebos. Durante la solemne procesión, que iba desde la ciudad hasta el templo, se escogían prometidos para las muchachas y se portaban antorchas, cestos con ofrendas e incienso; a continuación, desfilaban los elementos propios de la actividad cinegética de la diosa, caballos, perros y armas de caza. El culto debido a Ártemis en este enclave de la costa jónica, de origen prehelénico y de gran arraigo, fue eclipsado por el cristianismo a través de la vinculación de María con la ciudad de Éfeso.
Este importante santuario precisaba de una imagen de culto acorde con la magnificencia del lugar, una imagen cuya iconografía ha llegado hasta nosotros a través de diferentes copias y que constituye un arquetipo particular de representación de la diosa vinculado estrechamente al Artemision de Éfeso. En el Pritaneo, sede de la magistratura donde se custodiaba el fuego sagrado de Hestia, fueron halladas dos esculturas (GÓNZALEZ, P. 1997: 11 y ss.) que responden al mismo prototipo iconográfico y que, actualmente, se exponen en el Museo Arqueológico de la ciudad.
La diosa así representada podía estar flanqueada por dos ciervas, animales consagrados a su custodia y relacionados con la caza, pero que, además, dispuestos de este modo, hacen de esta imagen una particular representación del arcaico prototipo de la Potnia Theron, Señora de los Animales. De ellos quedan restos en una de las esculturas citadas (Figura A), en la que parecen apoyarse sobre un soporte a modo de "ónfalos" (GONZÁLEZ, P. 1997: 13). Esta Ártemis Efesia ha sido denominada también Ártemis Polimasta o Ártemis Multimammia pues, tradicionalmente, se había entendido que las formas globulares que penden de su pecho eran múltiples senos con los que se pretendía simbolizar y propiciar la fertilidad. Recientes estudios, no obstante, han determinado que estos elementos, característicos de este prototipo iconográfico, representan las ofrendas que recibía la diosa en el transcurso de los ritos. El aspecto rígido de la imagen se debe con toda probabilidad a que la escultura original pudo ser un "xoanon", es decir, una imagen tallada en un tronco de árbol sobre el que se colocaban las ropas votivas y, en su caso, las ofrendas, bien fueran los testículos de los toros sacrificados en su honor, en cuyo caso serían también propiciadores de la fertilidad; o bien dátiles, pues la palmera había facilitado a Leto su difícil alumbramiento de los mellizos Apolo y Ártemis (GONZÁLEZ, P. 1997: 11).
Independientemente de esta característica esencial de la Ártemis Efesia, la iconografía es extremadamente compleja. La diosa luce un tocado sencillo sobre el que, probablemente, falta en este ejemplar una tiara similar a la presente en otras versiones. El rostro, de rasgos clasicistas, está enmarcado por una esfera lunar decorada con prótomos de esfinges y toros alados; este elemento recuerda la estrecha vinculación de la diosa con la deidad lunar, Selene, con la que compartió diversos aspectos hasta el punto de confundirse en ciertos episodios míticos. Sobre el pecho, puede apreciarse un relieve con Victorias aladas y, bajo el collar, los signos del zodiaco propios de la astrología caldea. Ártemis extiende los brazos en actitud de acogimiento; la rigidez de los mismos remite de nuevo a un original, a modo de "xoanon", al que se añadirían los elementos sobresalientes de la efigie, cabeza, manos y pies. Tallados en los antebrazos pueden apreciarse cuatro leones que parecen subrayar de nuevo el carácter de Potnia Theron de la diosa.
La parte inferior del cuerpo simula una especie de funda tubular, que pudo aplicarse sobre el citado "xoanon" y sobre la que se han representado los prótomos de diferentes animales: leones, toros, ciervos, esfinges y abejas, alternando con rosetas de decoración vegetal. Las abejas fueron símbolo de Éfeso, hasta el punto de que fue habitual su presencia en acuñaciones monetarias, haciendo también referencia a la riqueza de la ciudad (FERNÁNDEZ, P.: 236). Esta profusión decorativa puede aludir al poder de la diosa sobre los animales y a su carácter agreste. En este ejemplar puede apreciarse esta cobertura inferior con claridad pues, junto a los pies, se aprecia el peplo que, probablemente, la imagen de culto original vestía bajo este elemento decorativo que pudo ser de oro. De hecho, es posible que esta escultura estuviera recubierta de dorado pues aún pueden apreciarse restos en torno al cuello.
Similar a ésta ya comentada, el Museo de Éfeso conserva otro ejemplar de mayor tamaño (292 cm.) y, probablemente, de factura más arcaica pues se ha supuesto que debe datarse en el siglo I d.C. (Figura B). Destaca la elaborada tiara que luce la diosa, distribuida verticalmente en tres diferentes registros en los que pueden verse, de nuevo, los reiterados prótomos de animales, esfinges cobijadas bajo elaborados arcos y, finalmente, en el registro más alto, una estilizada representación de pequeños templetes jónicos. Cabe destacar una mayor profusión decorativa en los elementos de adorno sobre el pecho de la diosa, que luce diversos collares rematados con piñas.
Uno de los epítetos de Ártemis, como lo fuera de Cibeles, fue el de "diopetés", "Caída del Cielo", lo que puede indicar que, en origen, el "xoanon" central de madera pudiera estar adornado con el rostro y las manos talladas sobre una piedra de origen meteorítico, generalmente, de tonalidades oscuras (GONZÁLEZ, P. 1997: 11). En este sentido, es significativa otra copia de esta imagen de culto del Artemision de Éfeso, de 130 cm., conservada en el Museo de Nápoles (Nº Inv. 6286), cuyo rostro, manos y pies están realizados en bronce simulando este posible juego cromático del original (Figura C). En esta pieza puede apreciarse además con mayor claridad el carácter lunar de la esfera que aparece a espaldas de la diosa; el tocado simula, en este caso, una torre circular rodeada de puertas, similar al habitual de la citada diosa Cibeles.
La compleja iconografía de esta imagen de culto corrobora la trascendencia del culto jónico de la diosa, concebida casi como una imagen Panthea, cubierta de símbolos que subrayan el poder cósmico de la diosa, su relación con la fertilidad y la protección de las mujeres, así como, principalmente, su soberanía sobre los animales.
Autor de la ficha:
 
Mª Amparo Arroyo de la Fuente
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