Fuentes primarias:
Apolodoro, Biblioteca Mitológica III, 4, 4; Pausanias, Periegesis IX, 2, 3; Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica IV, 81, 3-5; Higinio, Fabulae 180, 181; Ovidio, Metamorfosis III, 138 ss.
Descripción:
Centra la decoración de esta bella cratera de volutas el tema de la muerte de Acteón a causa del ataque de sus propios perros. Según el mito, este cazador fue castigado por la diosa Ártemis a morir de este modo debido a su indiscrección, pues había sorprendido a la diosa durante su baño; por ello, fue transformado en ciervo y atacado por la jauría que solía acompañarle en sus batidas de caza. Esta versión, transmitida por Ovidio (Met. III, 138 ss.) y por Higinio (Fáb. 180 y 181), ha tenido un amplio desarrollo iconográfico a lo largo de la historia; Pausanias cita a Estesícoro de Hímera como fuente del relato de la metamorfosis del cazador, si bien opina que la muerte de Acteón se debió a la locura de sus perros. Por su parte, Diodoro de Sicilia contempla la posibilidad de que el castigo de Acteón se debiera bien a la temeridad de desafiar a Ártemis, seguro de superarla por su habilidad como cazador, o bien a su ambición de contraer matrimonio con esta diosa (Bibl. Hist. IV, 81, 3-5); otras fuentes (Apolodoro, Biblioteca Mitológica III, 4, 4) citan también como motivo de su muerte el deseo de desposar a Semele (Apolodoro, Biblioteca Mitológica III, 4, 4).
Las versiones del mito fueron, por tanto, dispares; en este caso, el cazador es atacado por los animales sin que medie una previa metamorfosis y es derribado mientras trata de defenderse en vano con la clava que alza con su mano derecha, mientras sujeta con la izquierda a uno de los animales. Completan la escena otros cazadores, mientras Ártemis, lejos de encontrarse acompañada de sus doncellas en el momento del baño, es representada contemplando la escena desde su carro.
La diosa viste un peplo y está tocada con una pequeña tiara, sujeta las riendas de un carro tirado por dos ciervas afrontadas y parece portar un arco con su mano izquierda (cuyo extremo asoma entre las cabezas de los animales). Esta iconografía de Ártemis, sin duda, hace referencia a sus atribuciones como cazadora y protectora de los animales; su identificación como cazadora está íntimamente ligada al episodio, ya sea porque fuera fruto de un desafío del desafortunado Acteón, ya porque el suceso se produce en el transcurso de una partida de caza en la que participaba el joven. La presencia de la diosa conduciendo un carro puede ponerse en relación con su identificación con la diosa lunar Selene quien, en paralelo con la iconografía de Helios, conducía un tiro de caballos para simbolizar el periplo del astro por el firmamento; el sincretismo iconográfico entre ambas divinidades sería muy profundo, hasta el punto de que fue habitual que Ártemis —y particularmente la Diana romana— portara el creciente lunar que identificaba a Selene, asimismo, los mitos relacionados con la diosa lunar serían protagonizados por Ártemis.