Descripción:
Hidria ática de fig. rojas. Ca. 450-440 a. C.
Se representa a Apolo persiguiendo a una mujer, lo que es un motivo frecuente en los vasos áticos desde principios del s. V a. C.. El dios viste en esta ocasión un chiton corto -de tejido adornado y ribeteado con cenefas- y un himation en el brazo. Una cítara le cuelga del hombro sujeta con una cinta que le cruza por delante del pecho. En la mano derecha sostiene una rama grande de laurel, y además lleva corona de laurel. Con la otra mano tiende hacia la mujer, ya casi tocándola. Ella huye (mira hacia él, pero dirige su cuerpo hacia el lado opuesto) corriendo y con enorme susto, como muestra su gesto de brazos alzados (lo que es típico en los personajes - las perseguidas- de esta clase de escenas). Hay mucho movimiento en la imagen, indicando la intensidad de la carrera la exagerada distancia entre cada pierna, especialmente en Apolo. En el extremo de la izq. vemos una figura masculina, con petasos (sombrero de alas anchas) y clámide, que mira hacia Apolo y la joven. Se marcha en un carro de caballos alados. Se piensa que podría ser Hermes –con su indumentaria típica-, hermano de Apolo, que le ha guiado hasta allí.
Comentario:
La mujer no está identificada. Algunos creen que es Dafne, cuya persecución sin tregua, que sufre por parte de Apolo, es fundamental y lo más significativo en el mito; y entonces el laurel que lleva Apolo estaría anticipando la metamorfosis de la joven, pues Dafne, para huir de él, cuando ya estaba a punto de alcanzarla suplicó a su padre, el río Peneo, que la salvara. Y él la transformó en laurel (daphne = “laurel”), planta que se convertiría desde entonces en símbolo y atributo de Apolo, pues hizo de él su árbol sagrado, y llegaría a ser además la honra de los triunfos, la recompensa para los poetas, los artistas y los atletas.
Otros hablan de que fuera Marpesa. También ésta le desdeñó y prefirió a un mortal, el gran héroe Idas, porque temía que Apolo la abandonase cuando ella hubiera envejecido. Realmente los amores del dios son frustrados en su mayoría, y él suele ser rechazado por las mujeres a las que pretende; de modo que Dafne no es la única que se corresponde bien con el asunto de la persecución.
Respecto al laurel, podemos comprobar en muchas imágenes de otra temática (Véanse Fichas “Apolo en sus tres funciones, con sus atributos principales”, “Apolo con su familia... mata a Ticio”–el paralelo-, “Apolo en la Guerra de Troya… Muerte de Aquiles” y “Apolo en Delfos; protector de Orestes”) que es uno de sus atributos más usuales. Resulta muy apropiado en todo caso tratándose de este motivo concreto, en que por lo general el personaje masculino aparece como un cazador en la “cacería” amorosa, llevando, por ejemplo, una jabalina. Los dioses (frecuentes perseguidores sexuales), en especial, muestran sus atributos característicos, embistiendo con ellos como si de armas se tratara, a modo de símbolo fálico, como se ha dicho: el rayo o el cetro de Zeus, el tridente de Posidón, el caduceo de Hermes. Y aquí, el ramo de laurel de Apolo. Otras veces es el arco el arma evidente que lleva Apolo en la persecución amorosa.
Podríamos pensar también que se tratara aquí de la persecución de Creusa, hija del rey ateniense Erecteo, que dio a Apolo un hijo, Ion (el antepasado de los jonios). La historia da tema a la tragedia de Eurípides Ion, en la que el papel del dios –aunque su personaje no aparece en escena- es fundamental, desarrollándose la acción por otra parte en su templo en Delfos, en donde servía el joven hijo de Apolo y Creusa, abandonado por la madre al nacer y criado por la Pitia. La razón que nos sugiere esta posibilidad es, por un lado, la presencia de Hermes, porque en el prólogo de la tragedia Ion es Hermes quien narra el suceso: la violación de Creusa por Apolo (“forzado matrimonio”, lo que presupone una persecución), el nacimiento del hijo, etc. Por otro lado, la analogía con la iconografía de la persecución y rapto asimismo por un dios (el viento Bóreas) de otra hija de Erecteo, Oritía. Además de los gestos característicos de las escenas de este tipo, en las del rapto de Oritía aparece a menudo entre los personajes el padre de la joven, el rey Erecteo, con manto que le envuelve, barba y cetro, y también otras muchachas que huyen (aunque ello es típico en general en el tema de la persecución). Pues bien, en nuestra hidria a continuación asimismo hay otras jóvenes en movimiento y (aunque no disponemos de la imagen para mostrarla), sobre todo, un hombre similar, con manto, cetro y barba, que podría tratarse de Erecteo en una escena que reflejase una situación paralela a la tan representada del rapto de Oritía por el dios Bóreas. Pero es sólo una suposición, una posibilidad más.
Otras diversas historias de amor fracasado podemos recordar de Apolo:
Con Casandra -princesa troyana, hija de Príamo y Hécuba-, a la que había infundido el don de la profecía; pero, tras haberle ella rechazado, la condenó a no ser nunca creída en sus predicciones.
Caso semejante al de Dafne es el de Castalia, transformada en la fuente que lleva su nombre, en Delfos.
En cuanto a Corónide, a la que había hecho madre de Asclepio, le traicionó. Como narra Píndaro en la Pítica 3, Corónide, tras haberse unido a Apolo y quedar embarazada, le traicionó con un mortal (Isquis, un extranjero), por lo que el dios hizo que Ártemis, su hermana, diera muerte a la joven. Y del cadáver en llamas sacó al niño aún no nacido, Asclepio.
Paralelos:
Nuestra imagen sigue el mismo esquema de composición que la mayoría de las escenas de persecución amorosa, como vemos, por ejemplo, en el paralelo que presentamos (Foto “Paralelo Posidon persigue a Anfitrite”): Píxida ática de fig. rojas. Ca. 475-425 a. C. Atenas, Museo Arqueológico Nacional Cc1551. El dios Posidón –asimismo vestido con chiton corto e himation que le cae de un brazo y coronado de laurel o hiedra- persigue y está a punto de alcanzar a una mujer, que es en este caso una divinidad, una nereida: Anfítrite, su futura esposa. Ella mira igualmente hacia él, pero huyendo hacia el lado opuesto, y con el mismo ademán de sobresalto, con los brazos alzados. En cuanto a la actitud del dios, es idéntica, y empuña con firmeza su atributo, su tridente, en horizontal, a modo de lanza, con la parte del simple palo por delante (al igual que Apolo su rama de laurel) Únicamente el ritmo de la carrera aquí es mucho menor, y ya –más cerca, tocándola- casi la está atrayendo hacia sí. ¿Quizás porque Anfítrite al fin se deja conquistar y se convierte en la legítima esposa del perseguidor y soberana de su reino?