Descripción:
Aplique de espejo de bronce corintio. Tercer cuarto s. IV a. C
La imagen es una de las muchas que representan a Afrodita y Adonis en actitud muy amorosa (véase ficha "Afrodita y Adonis, con Eros" y los paralelos iconográficos en fichas "Afrodita cabalgando, con sus atributos" y "Afrodita con Eros y Zeus contemplan la seducción de Leda"). Están abrazados y mirándose apasionadamente, Afrodita en especial, que rodea el cuello del joven con sus brazos y se inclina –se lanza- sobre él para besarle. Él está sentado en una silla, y ella, sobre sus rodillas. A la derecha, Eros, al parecer (aunque no se distinguen bien sus atributos). A la izquierda, detrás del asiento, hay un ave, un pavo real. Adonis (con un ligero bozo en sus mejillas) está casi desnudo, con un manto que le cubre sólo las piernas. Afrodita viste chiton e himation.
Imagen de gran erotismo por la actitud, totalmente apasionada, de los amantes. Aquí Afrodita se entrega. No es ya la diosa del amor (ser superior -fuerza sobrenatural- que controla y maneja a todos los demás seres), sino una mujer enamorada, ella misma ya sin control sobre su intenso sentimiento. Ella misma, la ejemplificación del amor.
Porque Afrodita no sólo se unió a dioses (principalmente a Ares y a Hefesto), sino también a mortales, como Adonis y Anquises. Respecto a Adonis, su incomparable belleza enamoró a la diosa; pero el joven murió prematuramente, herido por un jabalí, lo que causó a Afrodita un dolor insufrible. Es el de Adonis un mito complejo, del que hay diversas variantes. Hay referencias a él ya en Safo (la poetisa lesbia de la lírica monódica de ca. 600 a. C.); pero de manera más completa sólo lo encontramos transmitido en época postclásica: en Apolodoro (mitógrafo del s. II a. C. probablemente), en su Biblioteca, 3.14.4. Tenemos la descripción de su muerte y, en especial, de la reacción de Afrodita, en el Canto fúnebre por Adonis de Bión (poeta bucólico de época helenística, del s. II-I a. C.):
Yace el hermoso Adonis en las montañas, herido por un colmillo el muslo, blanco muslo por blanco colmillo, y su tenue expirar a Cipris acongoja (vv. 7ss.) [...] Afrodita, suelta su cabellera, vaga por la espesura transida de dolor, desmelenada, con los pies desnudos; las zarzas la arañan a su paso y recogen su sangre divina (vv.19ss.) [...] [...] Cuando vió (Afrodita) la herida de Adonis, que no tenía remedio,... gimió con los brazos extendidos: “Aguarda, Adonis, pobre Adonis, a que llegue hasta ti por vez postrera, a que te abrace [...] Tú, desventurado, huyes de mí, huyes lejos de mí, Adonis, y vas al Aqueronte, al lado de aquel rey cruel y aborrecido; yo, infeliz de mí, sigo viva, soy diosa y no puedo seguirte. Toma, Perséfone, a mi esposo, pues que tú puedes mucho más que yo, y toda la belleza a ti desciende (vv. 40ss.) [...] [...] Incluso las Moiras llaman a Adonis “¡Adonis!”, y lo evocan con encantamientos, pero él no las escucha; y no porque no quiera, es que Core (Perséfone) no lo deja libre (vv. 94-6) (Trad. García Teijeiro y Molinos Tejada)
Y, antes, de manera más sucinta, en Teócrito, en el Idilio 15 (Las Siracusanas) especialmente, y también breves menciones en otros Idilios. Las Siracusanas trata de la fiesta celebrada anualmente en honor de Adonis (pues cada año muere y resucita), en la que se eleva un canto de homenaje a él y a Afrodita.
Paralelos:
En paralelo a este amor intenso de la diosa hacia Adonis, un mortal, se muestra su amor hacia el príncipe troyano Anquises, como se narra en el Himno homérico V, a Afrodita. La imagen que ofrecemos (Foto "Paralelo Afrodita y Anquises") muestra asimismo el paralelo iconográfico. Representa a Afrodita y Anquises -en traje oriental, con el gorro frigio, como es característico de los troyanos-, con Eros entre ellos (Cubierta de espejo de bronce. Ca. 350 a. C. Londres, British Museum 287). También aquí Afrodita dirige una mirada amorosa al joven, aunque su gesto ya no es tan apasionado. Pero este tema no ha sido tan productivo en la iconografía como el de Adonis, al que ha dado gran repercusión su trágica historia y el simbolismo que envuelve su figura y su mito (su origen vegetal, nacido del árbol de la mirra; su fuerte analogía con mitos orientales de muerte y resurrección, del ciclo de las estaciones, en conexión con la diosa Madre).
De Anquises -un príncipe troyano- se enamoró Afrodita por la acción de Zeus, que quería castigarla, y de él tuvo a su hijo Eneas, héroe ilustre y de linaje inmortal. La historia da tema al Himno Homérico V a Afrodita:
Así que le infundió (Zeus) en el ánimo el dulce deseo de Anquises ..., semejante en su porte a los inmortales. Nada más verlo, la risueña Afrodita se enamoró de él, y desaforadamente se apoderó de su ánimo el deseo [...] Preciosamente ataviada con toda su hermosa vestimenta sobre su cuerpo, y adornada de oro, la risueña Afrodita se encaminó presurosa a Troya [...] Llegó al Ida [...] Y encontró allí a Anquises, que [...] iba y venía tañendo su cítara. Se detuvo ante él la hija de Zeus, Afrodita, tomando la apariencia de una virginal doncella, no fuera que se espantara [...] De Anquises se adueñó el amor (vv. 53-91) [...][...] Dicho esto, la tomó de la mano. Y la risueña Afrodita, con el rostro vuelto, fijos en tierra sus bellos ojos, se deslizó en el lecho [...] Cuando hubieron subido al lecho fueron los espléndidos aderezos lo primero que Anquises le quitó de su cuerpo: los broches, las retorcidas espirales, los pendientes en forma de flor y los collares. Desató su cintura, la desnudó de sus resplandecientes vestidos y los colocó sobre un asiento de argénteos clavos. Luego, según la voluntad de los dioses y el destino, con la inmortal diosa compartió su lecho el mortal, sin tener un claro conocimiento de ello. (vv. 155-167) [...][...] “Anquises... Tendrás un hijo que reinará entre los troyanos y les nacerán hijos a sus hijos, sin cesar. Su nombre será Eneas, porque terrible es la aflicción que me posee por haber venido a caer en el lecho de un varón mortal...” (vv. 192-9, hablando Afrodita en su despedida a Anquises)
(Trad. Bernabé)
Y es mencionado también el tema en la Ilíada -principalmente en cantos 5 (vv. 247-8, 312-3) y 20 (vv. 105ss., 208ss.), que son los de mayor protagonismo de Eneas- y en la Teogonía, vv. 1008-10.