Fuentes primarias:
Hesíodo, Teogonía, 190 y ss.; Himno Homérico a Afrodita; Apuleyo, El Asno de Oro; Ovidio, Metamorfosis, lX, 29-32; . Lucrecio, De rerum natura, Liber Quintus, 705-710; Poliziano, Giostra, 99 y ss; Ficino, Comentario al Filebo de Platón.
Descripción:
En medio de aquel mar surgió un rostro divino, digno de la veneración hasta de los dioses; vi luego toda una figura resplandeciente que salía del mar mis ojos... su cabello, en extremo abundante en su riqueza, flotaba pasivo en torno de su divino cuello, en suaves curvas, revoloteando majestuoso (Apuleyo, El asno de oro)
La pintura muestra el momento en el que la diosa Venus llega a la costa, erguida sobre una gran venera que le sirve de montura. La diosa viene impulsada por las olas y por el aliento de dos vientos, Céfiro –dios del viento del Oeste- y su desposada, la pálida Cloris, de largo y rubio cabello, que le abraza con fuerza. Allí, en la costa de Chipre, Pafos o Citera, Venus es recibida por la hora de la primavera, una figura femenina juvenil que se dispone a vestirla con un manto florido similar en su diseño al que a ella misma luce. Las rosas perfuman el aire en el que flotan antes de caer al mar, cuna de la diosa fecundada por el esperma de Urano, cuyas aguas son cristalinas y transparentes.
Formalmente, la diosa Venus parece inspirada en la estatuaria clásica, concretamente en el tipo de Venus púdica habitual desde el mundo helenístico, imagen sensual y pudorosa al mismo tiempo. Aunque muchos autores refieren que pudiera ser una expresión del la Afrodita Anadyomene de Apeles, sólo conocida por las descripciones, y evocada por Poliziano en la Giostra, no cabe duda de que el prototipo es estatuario. Su imagen, considerada por los especialistas como el retrato de la hermosa Simonetta Vespucci, es el prototipo característico de la belleza femenina del artista, similar a muchas de sus Madonne, de melancólica expresión y piel anacarada. Su rubio, largo y abundante cabello, máxima expresión de la sensualidad, ondea movido por el soplo de los vientos, que también desplazan, ligeramente, el cuerpo de la diosa con su impulso.
Los vientos aparecen personificados como seres alados, semejantes en su morfología a los ángeles que ocupan los celajes de algunos cuadros del pintor. Se distinguen de ellos, sin embargo, por la actitud de soplo, signo distintivo de la Iconografía de los vientos desde la Antigüedad. La figura femenina que recibe a Venus simboliza a la hora de la Primavera, y por eso va ataviada con un traje florido: es un vestido blanco bordado con cianos y ceñido con un cinturón de rosas. Además, una guirnalda de mirto (planta sagrada de Venus y símbolo del eterno amor) adorna su cuello a modo de collar. Entre sus pies florece una anémona azul, tal vez en recuerdo del amado Adonis. Formalmente, existen también muchas analogías entre esta figura y otras del maestro y aún de algunos de sus contemporáneos florentinos como su maestro, Filippo Lippi. La belleza de la diosa, el mar cristalino y las rosas del perfumado soplo de los vientos coinciden con la descripción de las citadas fuentes clásicas.
Gombrich (“Las mitologías de Boticelli. Estudio sobre el simbolismo neoplatónico de su círculo”) realizó una conocida interpretación del cuadro, según la cual tanto en la Primavera como en el nacimiento de Venus el artista quiso expresar ese complejo mundo de las ideas desarrolladas en la Academia platónica de Florencia: la filosofía de los humanistas de esta corte, liderados por Ficino y Pico della Mirandola giró fundamentalmente en torno a los conceptos de paz, belleza y amor. En las más importantes obras de estos eruditos (Theologia Platonica o De dignitate hominis) se trasluce una concepción religiosa Universal, de carácter humanista que concilia el mundo antiguo y el cristianismo. En dicha concepción el Amor es el “deseo de la Belleza”, semejante a una trayectoria espiritual y cerrada que se desenvuelve en el Universo y da origen a la materia, dicho de otro modo, la unión del espíritu y la Naturaleza.
La expresión encarnada de esa dualidad que contiene en sí el Amor se manifestó en la imagen de Venus, a quien ya Platón en el Banquete había imaginado bajo dos formas distintas. Venus celestial (Urania) y Venus terrenal (Pandemos). Venus, o el poder del Amor hecho carne representa, pues, la comunión del hombre con la divinidad, y por ello, su contenido alegórico se vinculó a la Armonía del Universo, a la Creación, porque el Amor es la fuerza motriz que genera todo lo que existe. Obra abstracta, intelectualizada, a través de la cual el pintor expresa una idea metafísica a través del mundo fenomenológico.
Observaciones:
Tras los estudios de Gombrich se aceptaba que esta obra había sido encargada al artista por Lorenzo di Pierfrancesco de Médicis, para decorar la su villa de recreo, la Villa di Castello, donde la pudo contemplar Vasari años más tarde. Sin embargo, estudios más recientes han puesto en tela de juicio dicha afirmación; desconocemos quien fue su comitente y la fecha de ejecución, que debió ser en torno a 1484.