Descripción:
La influencia de las tesis herméticas tanto en el arte como en el ámbito litúrgico puede apreciarse en la representación de este Hermes Trismegisto en el pavimento de la catedral de Siena. La figura está caracterizada como un gran profeta flanqueado por dos Sibilas que sostienen sus profecías acerca del advenimiento del cristianismo; en el cuadro central, Hermes Trismegisto es identificado mediante una inscripción colocada a sus pies, “HERMIS MERCURIUS TRIMEGISTUS CONTEMPORANEUS MOYSI” (“Hermes-Mercurio Trismegisto, contenporáneo de Moises”), en clara alusión a las tesis agustinianas pues San Agustín ubicó la existencia real del sabio Hermes Trismegisto apenas tres generaciones después de Moisés (‘De civitate Dei’, VIII, XXIII-XXIV), ratificándose así en la autenticidad de sus escritos y otorgando a los mismos una antigüedad superior a los de Platón y a la de los grandes filósofos griegos. A su derecha está representado el propio Moisés, tocado con turbante, a la oriental; sostiene un libro sobre el que puede leerse “SUSCIPITE O LICTERAS ET LEGES EGIPTII” (“Dedicaos a las Letras y a las Leyes, Egipcios”), que deriva de la descripción de Cicerón:
“Mercurios hubo varios: [...]; del quinto [...] dicen que mató a Argos, y que por esta causa huyó a Egipto y enseñó a los egipcios las leyes y las letras. A este llaman los egipcios Thoth...”. (Cicerón, De nat. Deo. III, 22).
Por su parte, Trismegisto posa su mano izquierda en una tablilla en la que puede leerse:
DEUS OMNIUM CREATOR
SECUM DEUM FECIT
VISIBLEM ET HUNC
FECIT PRIMUM ET SOLUM
QUO OBLECTATUS EST
VALDE AMAVIT PROPIUM
FILIUM QUI APPELLATUR
SANCTUM VERBUM
El texto constituye una traducción de un pasaje del Asclepius (Corpus Hermeticum): “El Señor y Creador de todas las cosas, a quien con toda razón hemos llamado Dios, después de haberlo creado, solo y único, se le apareció bello y colmado de todo bien posible; entonces Él lo santificó y lo amó en todo como a su Hijo” (YATES, F.A. 1983: P. 61). A esta cita se añade la referencia al Verbo, encarnación del Hijo de Dios.
Desde el punto de vista iconográfico, la figura de este Hermes Trismegisto difiere de la tradicional imagen del dios. Hermes Trismegisto es figurado con la efigie de un profeta, con la barba bífida y ataviado con una larga túnica hasta los pies, anudada por debajo del pecho. Hermes Trismegisto, representado como un anciano barbado, está tocado con un sombrero en forma de cono que recuerda vagamente al pilos que Hermes luce en la iconografía clásica en su atribución de psicopompo. La tablilla en la que Hermes Trismegisto posa su mano izquierda se sustenta sobre dos esfinges aladas con cuerpo de león y cabeza y pechos femeninos, que entrelazan sus colas en una disposición que recuerda el caduceo tradicional, una sutil alusión a Hermes-Mercurio. La imagen, por tanto, constituye un buen ejemplo de la dualidad de la iconografía del dios durante el Renacimiento: por un lado, continuaría representándose al modo tradicional, inspirado en la estética clásica, mientras que el pensamiento hermético, amparado por la Iglesia, convertiría al dios en un ancestral sabio egipcio cuya iconografía se tiñó con la estética de los profetas y los sabios alquimistas.
Posteriormente, la imagen de Hermes Trismegisto se completó con otros atributos iconográficos que aludían a los textos herméticos contenidos en el Corpus, especialmente, la esfera que simboliza la ascensión platónica descrita en el Poimandres:
“Y de esta manera el hombre se lanza ya desde este momento hacia lo alto a través del armazón de las esferas [...] Y entonces, despojado de lo que había producido la naturaleza de las esferas, entra en la naturaleza ‘ogdoática’, sin poseer otra cosa que su propia potencia; y canta, a una con los Seres, himnos al Padre; y todos los presentes se gozan con él de su llegada”
Corpus Hermeticum, Poimandres, 24-26
En el grabado de Michael Mayer publicado en 1617 (Figura B), los astros, a la derecha de Trismegisto, figuran el jardín hermético; en este hipotético vergel, entendido como una metáfora de la alquimia, el árbol lunar producía frutos de plata mientras el árbol solar generaba frutos de oro (V. LENNEP, J. Van. 1978). La magia naturalis ejercitada por Ficino, que contemplaba la elaboración de complejos talismanes con minerales escogidos, fue asimilada por los alquimistas, quienes consideraron a Hermes Trismegisto como el primero de estos taumaturgos; como tal aparece en el Opus medico-chymicum de Johann Daniel Mylius, publicado en 1618, que incluye el sello de Hermes Trismegisto como el primero de ciento sesenta alquimistas destacados. Como emblema de Trismegisto, Mylius elige precisamente la esfera.. El atuendo de Trismegisto en el grabado de Mayer reafirma la imagen del anciano sabio y venerable, que viste una larga túnica y se cubre con un tocado similar al pilos clásico.
La inclusión en el programa iconográfico de la catedral de Siena de este Hermes Trismegisto se debe, a nuestro juicio, a la importancia concedida al pensamiento hermético desde mediados del siglo XV, ya que los textos del Corpus se interpretaron como una premonición del advenimiento de Cristo; el sabio Trismegisto, considerado entonces un personaje real contemporáneo de Moisés, fue equiparado con los grandes profetas de la Antigüedad y, como tal, se le representa en este sectile flanqueado por dos Sibilas.
La cercanía de Siena al círculo florentino y a la Academia Neoplatónica liderada por Marsilio Ficino explica probablemente la rápida asimilación de las tesis herméticas. Este es uno de los primeros ejemplos en los que Hermes Trismegisto aparece entre los profetas, no obstante, bajo el pontificado de Alejandro VI (1492-1503) se consolidó la aceptación del pensamiento hermético por parte de la Iglesia Católica, ya que el Papa Borgia se declaró abierto defensor de las tesis neoplatónicas de Pico della Mirandola (1463-1494), miembro de la Academia florentina, absolviéndole de las acusaciones heréticas que le valieron su encarcelamiento en Vicennes. Asimismo, Alejandro VI hizo decorar sus habitaciones en el Vaticano con temas relativos al ciclo osiriaco, obra de Pinturrichio, incluyendo también a Trismegisto entre los profetas (YATES, F.A. 1983: P. 140).