Descripción:
El dios Hermes está de pie, descansando apoyado sobre un tronco de árbol cubierto con un manto. La postura relajada del joven dios, similar al Sátiro en reposo del Museo Capitolino o al Apolo Sauróktono del Louvre, genera la característica curva praxiteliana, el contrapposto propio de cargar el peso de la figura sobre una de las piernas. Sentado en su brazo izquierdo, Dioniso alza su mano izquierda (hoy perdida) hacia el brazo derecho de Hermes (también desaparecido), con el que se ha supuesto que el heraldo le ofrecía a su joven hermano un racimo de uvas (BLANCO, A. 1990: 321). La escultura representaría, por tanto, un alto en el camino en el que Hermes, por orden de Zeus, transpotaba a Dioniso hacia el Monte Nisa, lejos de la venganza de la celosa Hera. A pesar del gesto sobrio de Hermes, el artista humaniza a los dioses mediante la interrelación entre el joven y el infante, que denota una atmósfera de intimidad y de juego. Ninguna de las divinidades representadas porta atributo iconográfico alguno y quizá fuera el supuesto racimo de uvas ofrecido por Hermes el distintivo más evidente para identificar a los protagonistas.
Hermes se muestra como un joven efebo desnudo, sin ninguno de los atributos propios de su labor como heraldo, de no ser la clámide o túnica corta que descansa sobre el árbol y que, en otras representaciones, como el Hermes Logios, el dios sujeta con una de sus manos, sin cubrirse con ella. La figura del infante que Hermes sostiene en su brazo, señalada como Dioniso, puede considerarse, en este caso, como un distintivo iconográfico que permite reconocer la escena representada y que alude, por tanto, al célebre episodio protagonizado por ambos dioses.
A diferencia de los paralelos citados, el Sátiro del Museo Capitolino y el Apolo del Louvre, consideradas como copias neoáticas de originales del autor, esta obra ha sido tradicionalmente tenida por un original de Praxíteles, ya que fue hallado precisamente en el lugar –el Herarion de Olimpia– en el que Pausanias (Periegesis V, 17, 3) describe un exvoto de este escultor con idéntica temática. No obstante, según otras teorías, podría tratarse de una copia del siglo I d.C. Desde el punto de vista artístico, la escultura se atribuye a Praxíteles no sólo por el contrapposto que adopta el dios, sino también por la moderada musculatura y el rostro sereno, pero el tirante que une la cadera del dios con el tronco sobre el que se dispone el manto, más parece un elemento propio del neoaticismo. Durante los primeros siglos de nuestra era, los talleres áticos elaboraron múltiples copias de las más reputadas obras escultóricas griegas; el traslado de estas obras, generalmente de mármol, precisaba la inclusión de tirantes y apoyos que evitaran las fracturas de la piedra. Estos listones estaban destinados a ser eliminados en su ubicación definitiva, pero se mantuvieron en la mayoría de los casos, careciendo de ellos las obras originales de los siglos V y IV a.C. La localización de esta escultura en Olimpia no implica que pueda tratarse de una copia procedente de talleres atenienses. Así pues, se ha considerado que ésta, tenida durante años por un original de mano del genial escultor ateniense, no es sino una copia neoática realizada en algún taller de la Atenas del siglo I d.C.
Por otra parte, se ha aducido como razón para demostrar su autenticidad, el empleo del denominado sfumato, que consiste en la representación de una musculatura suave que permite una sutil transición entre las luces y las sombras, y que se ha considerado como una de las características esenciales de la escultura praxitélica; sin embargo, los últimos estudios al respecto apuntan a que esta técnica comenzó a emplearse en época helenística (GONZÁLEZ, P. 2004). Por último, el manto que descansa sobre el árbol, a la izquierda del dios, se interpretaba como una tentativa realista propia de la última época de Praxíteles, ya que otras obras, conocidas a través de copias neoáticas, carecían de este alarde de naturalismo. También se ha destacado, en el mismo sentido, el aspecto descuidado, casi inacabado, de los cabellos del dios. En cualquier caso, si el Hermes de Olimpia es tan sólo una copia del original de Praxíteles, debemos concluir que nos encontramos ante una copia de singular calidad, especialmente fiel a las formas y la concepción de la estatuaria praxitélica.