Descripción:
La representación de Héctor, no como guerrero que participa o se prepara para la batalla, sino como un cuerpo sin vida, prolifera ya en la Antigüedad en todo tipo de soportes (vasijas, mosaicos, gemas, relieves, pinturas). En dichas piezas el cadáver del héroe aparece arrastrado por el carro de Aquiles (Nápoles, MAN 82921, 81393), depositado en la tienda de campaña, a los pies de su adversario (Zurich.Univ.4001) o sostenido por los troyanos (Louvre MA, 353). Hallamos en la Casa del Criptopórtico (Pompeya) una pintura mural de en torno al año 30 a.C. en la que se representa la desesperación de Andrómaca ante el sepulcro de su esposo (Imagen A). Constituye el primer testimonio antiguo en el que se aborda dicho tema. En esa pintura, la joven troyana ([ΑΝΔΡ]ΟΜΑΚΗ), sentada en una pequeña elevación de terreno, es asistida por dos mujeres junto a la tumba de Héctor (marcada con la inscripción ΤΑΦΟΣ). A la derecha, se observa al pequeño Astianacte, tratando de escapar de los brazos de una muchacha e ir con su madre.
En el cuadro de Jacques-Louis David el cuerpo del héroe yace exánime en un lecho profusamente adornado, con la cabeza ceñida por una corona de laurel, como símbolo de gloria. Sus miembros se dejan caer revelando una anatomía perfecta, con huesos y músculos definidos que no han sufrido las lesiones propias de un cuerpo maltratado. Sólo un corte, apenas perceptible, se detecta en la parte superior del pecho, junto al hombro derecho [Imagen B]. Frente a la serenidad del troyano se encuentra el abatimiento de su esposa, que llora desconsolada. El tormento y dolor se reflejan en su mirada, orientada al vacío, y en su cuerpo, que cae inerte sobre el sillón, sin atender a las señales del pequeño Astianacte, de una manera análoga a como se describe en la Ilíada, 22.466-467: “una tenebrosa noche le cubrió con su velo los ojos; / se desplomó hacia atrás y se desmayó sin aliento” (vv.466-467). El rostro pálido de la joven se opone a los tonos tostados de Héctor, cubierto parcialmente con un manto rojo. Junto a Andrómaca se encuentra Astianacte, reclamando en vano su atención. Se trata de un niño que, frente a la versión homérica, es capaz de andar. Tras el casco, que aparece en primer plano, se observa la espada inclinada y, tras ella, el lecho, lleno de relieves. Se pueden distinguir en los relieves dos de los episodios más representados de la vida de Héctor: el momento en que se despide de su hijo y esposa (relieve del extremo izquierdo [Imagen C]) y la escena de su muerte por Aquiles (relieve del extremo derecho [Imagen D]). Tras las figuras, que son resaltadas por la intensidad y luminosidad cromática, y la antorcha, en cuya base se detecta una inscripción griega [Imagen E], se vislumbra en tonos grises el interior de un palacio, en el que reposan dos columnas. De este mismo autor es también el cuadro de un varón desnudo al que se le ha identificado con Héctor [Imagen F]. Aquí el héroe yace boca arriba, pintado en escorzo, en el centro de la composición, desplegándose diagonalmente por el lienzo, a una manera semejante a la de Cristo, con los tobillos cruzados y los brazos desplegados. También aquí aparece como un varón de anatomía bien definida, sin lesiones de ningún tipo, salvo un corte en la parte superior del muslo, junto a la cadera; con pelo oscuro e imberbe, sobre un paño rojo que tapa parcialmente sus partes pudendas.
El cuadro La Douleur d'Andromaque, de Jacques-Louis David, parece inspirarse tanto en la Ilíada de Homero (XXII.460-515; XXIV.719-746) como en la tragedia de Racine Andrómaca, estrenada a finales del año 1667. En la composición épica la joven troyana, reunida con la muchedumbre, contempla horrorizada cómo el cadáver de su esposo es arrastrado hacia las naves aqueas. En el canto XXIV de la Ilíada (vv. 719-746) se nos describen los funerales de Héctor, en concreto, el momento en que su cadáver se introduce en el palacio y se deposita en el lecho para ser llorado por un grupo de mujeres (Hécuba y Andrómaca, entre otras). Aquí el sufrimiento de la princesa no parece corresponder tanto al tormento que se deriva de la pérdida de un marido como a la preocupación de una madre que ve en la orfandad de su hijo un peligro para él. En la obra de Racine se despliegan con la misma intensidad el terror de madre y el dolor de viuda. El autor francés desarrolla los sentimientos de la troyana de forma mucho más desgarradora y profunda que Homero:
“No vi más que sus lágrimas que mezclaba con gritos.
La exaspera su cuita, su adustez es mayor
y cien veces el nombre pronunciaba de Héctor” (vv.649-656)
Respecto a los motivos descritos en los dos relieves del lecho, Jacques-Louis David parte directamente de la Ilíada homérica, en concreto, del canto VI (392-493), donde se aborda la despedida del héroe con su esposa e hijo, y del canto XXII (322-336), donde se relata la muerte del Priamida a manos de Aquiles.