Atributos iconográficos:
Túnica corta.
Casco con carrilleras, penacho de crin de caballo, yelmo, escudo redondo, lanza, grebas.
Barba, pelo largo y rizado.
Localización (Institución, Colección):
Roma, Museo Gregoriano Etrusco, Sala XXI. Del Reloj de Sol. Cerámica ática y etrusca (Inv. 16570).
Descripción:
La escena de Héctor junto a sus padres se relaciona con la Ilíada. En el canto VI el héroe troyano se encuentra con su madre, que, al verlo, se sorprende de que no esté en la batalla. En ese momento Hécuba cree que los griegos están causando estragos en las filas troyanas y que su hijo ha entrado en palacio para realizar una libación a Zeus. La reina, agarrándole de la mano, pide a Héctor que se detenga, pues va a buscar vino para que beba un poco y adquiera más vigor en la lucha y para que se lo ofrezca al dios. Sin duda, el ánfora no recrea este pasaje, pues en el canto VI Héctor se topa con su madre, acompañada no de Príamo, sino de su hija Laódica. Es en el canto XXII donde los dos reyes tratan de doblegar la decisión de héroe, presto a combatir contra el Pelida. Según Homero, Príamo, tras contemplar a lo lejos al fiero Aquiles, extendió sus manos al cielo y con ellas se golpeaba la cabeza, arrancándose sus cabellos. Hécuba, por su parte, intentaba persuadirlo entre lágrimas, aludiendo a su condición de madre. Los dos progenitores terminan sus discursos llorando desconsolados ante un Héctor impasible.
En la cara anterior del ánfora, el pintor recrea la emotiva escena en la que Héctor se despide de sus padres. En cerámica griega es relativamente frecuente la representación de Héctor presto a partir al combate, armado con su casco y escudo [Imágenes A y B], o preparándose para ello [Imagen C], ante la atenta mirada de sus progenitores.
En la pieza que se analiza se observan tres figuras que reposan sobre una banda de meandros y que son fácilmente identificables por las inscripciones blancas que las acompañan: de izquierda a derecha, Príamo (Πρίαμος), Héctor (῝Εκτωρ), al que se le añade el epíteto de hermoso (καλός), y Hécuba (Ἑκάβη). El héroe, ubicado en el centro de la composición, es flanqueado por sus dos padres [como ocurre en las imágenes B y C]. Se le presenta como un guerrero preparado para la lucha, ya que está armado, y un hombre maduro, pues, a pesar de que su rostro está en gran parte oculto por el casco y las carrilleras, se puede apreciar una oscura barba, habitual en los retratos hasta el siglo V a.C., pelo negro, largo y rizado. A su izquierda está Príamo, con la barba y el cabello canos, apoyado sobre un bastón, lo que denota su vejez. Sostiene con su mano derecha su manto y se enjuga una lágrima con la izquierda, lo que añade un toque de patetismo a la escena. A diferencia de Héctor y la reina troyana, se le representa de frente, observando al espectador y haciéndolo partícipe de su dolor. A la derecha se encuentra Hécuba, observada por su hijo. La correspondencia visual de las dos figuras se subraya con sus respectivas inscripciones, que conectan cada uno de sus ojos visibles. Hécuba porta una fíale, ligeramente inclinada y en el suelo vierte vino de un oinochóe, símbolo ritual. Frente a los dos varones, se la representa con el pelo recogido con una diadema, idealizada por su asombrosa juventud, vistiendo un quitón de lino holgado y plisado, con bandas oscuras en los bordes y que cala hasta los pies.
En el ánfora Príamo y Hécuba son mucho más contenidos en sus manifestaciones de dolor que sus respectivos personajes homéricos. En el canto XXII de la Ilíada Príamo se mesa los cabellos, se los arranca al constatar la inflexibilidad de su hijo; en la vasija, en cambio, se limpia tímidamente una lágrima furtiva. En el poema épico Hécuba llora desesperada, mientras que en la cerámica se muestra resignada ante una fatalidad inminente.
Observaciones:
El cuello del ánfora presenta una decoración vegetal con una palmeta central, flanqueada por roleos. Bajo el cuello se observa un friso con lengüetas y, bajo las asas trenzadas, una decoración vegetal de dos palmetas afrontadas por la base. El ánfora fue hallada en Vulci, en las excavaciones de 1821-1833.