Localización (Institución, Colección):
Londres, Galería Tate Britain
Fuentes primarias:
Virgilio, Eneida, libro VI, 140ss.
Descripción:
Esta conocida obra de Turner evoca el hallazgo de la rama dorada que, de acuerdo con el texto de Virgilio, permitía el acceso al inframundo: ”A nadie se permite bajar a las profundas regiones de las sombras si no logra arrancar antes del árbol el ramo de flotantes hojas de oro. Es un don que ha dispuesto se le ofrezca la hermosa Prosérpina” (Eneida, Libro VI, 140-143). El poeta romano pone estas palabras en boca de la Sibila, no obstante, es el héroe Eneas quien encuentra y arranca esta rama mágica (Eneida, Libro VI, 200 ss.).
El ilustre paisajista británico se inspira en este tema como pretexto para representar el magnífico paisaje del lago Nemi, conocido como el espejo de Diana. El lago centra la escena como un luminoso punto de luz en el centro del lienzo, rodeado de la vegetación y los estilizados árboles que enmarcan la escena; a la izquierda, entre una luminosa bruma, se adivinan restos marmóreos de arquitectura clásica.
Las figuras humanas quedan totalmente supeditadas al paisaje. A la derecha, a la sombra del mayor de los árboles, se aprecian dos figuras sentadas. Puede suponerse que se trate del propio Eneas. En el lado contrario, se alza la figura mejor definida del lienzo, destacada con una túnica de un blanco luminoso: la Sibila alza el brazo izquierdo sosteniendo la rama dorada, como mostrando su divino hallazgo al citado grupo de la derecha. Por último, frente al lago, se aprecia un heterogéneo grupo de mujeres danzantes que se identifican con las Parcas; de hecho, el lienzo fue también conocido en los primeros tiempos como ”El lago Averno, las parcas y la rama dorada”. Esta referencia mitológica a la muerte, así como la figura de la serpiente que se ha querido adivinar a la derecha, en primer plano, aluden a la inmediata incursión de Eneas en el Hades. De este modo, a pesar de la insignificancia del héroe ante el paisaje representado, la figura de Eneas y su catábasis subyace en esta obra magistral de Turner.
Cabe destacar por último que este lienzo sirvió de inspiración para el estudio sobre religiones comparadas de James George Frazer (1890) quien inicia su estudio aludiendo a la obra de Turner: ”¿Quién no conoce La rama dorada, el cuadro de Turner? La escena, bañada en el dorado resplandor con que la divina imaginación del artista envolvía y transfiguraba hasta el más bello paisaje, es una visión de ensueño del pequeño lago del bosque de Nemi, llamado por los antiguos “el espejo de Diana” […] Quien haya contemplado las quietas aguas encunadas en uno de los verdes repliegues de las colinas albanas, no podrá olvidarlo. […] Diana misma podría frecuentar aún la solitaria orilla; aún podría aparecer entre el boscaje” (Frazer, 2000: 23).