Fuentes primarias:
Homero, Ilíada, VI, 144 - 221.
Hesíodo, Teogonía, 319 y ss.
Hesíodo, Catálogo de las mujeres, fr. 7.
Píndaro, Odas, XIII, 60 y ss.
Apolodoro, Biblioteca, I, 85; II, 30-33.
Quinto de Esmirna, Posthoméricas, X, 170 y ss.
Estrabón, Geografía, VIII, 6, 20; XIV, 3, 5.
Pausanias, Descripción de Grecia, II, 27, 2; III, 18, 13.
Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica, VI, 9.
Higino, Fábulas, 57.
Apuleyo, El asno de oro, VIII, 16 y ss.
Descripción:
El programa iconográfico del salone del Palacio Labia en Venecia, fue una de los encargos más importantes llevados a cabo por el pintor italiano G.B. Tiepolo (1696- 1770). Este se componía por las pinturas que narraban la historia de Marco Antonio y Cleopatra, junto a unos impresionantes frescos que decoraban el techo, donde el artista representó en el centro de una bóveda, con un estilo grandilocuente y teatral que simula una vista hacia los cielos, el Genio sobre Pegaso poniendo en fuga al Tiempo.
De marcado carácter simbólico, no sabemos con seguridad si se trata de Belerofonte, pero en todo caso, el significado que esta pintura encerraba consistía en ser una alegoría del Triunfo sobre el Tiempo. En ella, se aprecia cómo el jinete cabalga sobre Pegaso hacia la personificación de la Gloria, cuya figura femenina se vislumbra flotando sobre una nube y aparece ataviada con una túnica color dorado junto a una pirámide, símbolo de la eternidad. En la parte inferior de la composición figuran las personificaciones de la Justicia y la Nobleza, además del anciano junto a varios erotes. En relación a estos últimos, Tiepolo hace gala de su calidad pictórica a través del trampantojo de uno de ellos, que parece salirse del marco arquitectónico simulado.
La consideración y valores asociados a Belerofonte, que habría sido héroe de Corinto en Grecia, tuvo muchísima influencia posterior. Según C. Ripa, el enfrentamiento de Belerofonte fue visto como un triunfo de la Virtud sobre los vicios (Elvira Barba, 2017, p. 392). Belerofonte gozó desde la Antigüedad de un culto heroico y fue visto como un personaje civilizador, al que se le atribuyó el acto de domesticación del caballo a través del mito de Pegaso, a quien logró domar en la Mitología. En este sentido, encarnó los valores heroicos de la virtud frente al caos, y de lo racional frente a la Naturaleza indómita, por lo que posteriormente sería equiparado en la cosmovisión cristiana con la figura de San Jorge, que mató al dragón.