Tema:
Belerofonte combatiendo a la Quimera.
Atributos iconográficos:
Lanza, compañía de Pegaso.
Autor:
Atribuido al Pintor de las Boréadas (activo en un importante taller de Esparta entre c. 575 y 550 a.C.).
Período/Cronología:
570–565 a.C.
Soporte y técnica:
Pintura vascular de figuras negras.
Dimensiones:
12, 5 x 18, 4 cm.
Localización (Institución, Colección):
Malibú, Museo J. Paul Getty (85.AE.121).
Fuentes primarias:
Homero, Ilíada, VI, 144 - 221.
Hesíodo, Teogonía, 319 y ss.
Hesíodo, Catálogo de las mujeres, fr. 7.
Píndaro, Odas, XIII, 60 y ss.
Apolodoro, Biblioteca, I, 85; II, 30-33.
Quinto de Esmirna, Posthoméricas, X, 170 y ss.
Estrabón, Geografía, VIII, 6, 20; XIV, 3, 5.
Pausanias, Descripción de Grecia, II, 27, 2; III, 18, 13.
Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica, VI, 9.
Higino, Fábulas, 57.
Apuleyo, El asno de oro, VIII, 16 y ss.
Descripción:
En el interior de esta cílica de figuras negras procedente de Laconia, se ha representado al héroe de Corinto, Belerofonte (cuyo nombre significa “el matador de Bélero”, tirano de Corinto)(Grimal, 2015, p.70, s.v. Belerofonte) combatiendo contra la monstruosa Quimera, a quien se dispone a clavar su lanza.
Cuenta el mito, que tras haber matado accidentalmente a este tirano de Corinto, Belerofonte hubo de huir de la ciudad, y fue acogido por el rey Petro, de Tirinto. Sin embargo, la esposa de este, Estenebea, se enamoró de él, pero no fue correspondida por el héroe. Debido a ello, y presa del disgusto, la mujer engañó a su marido culpando a Belerofonte de haber intentado seducirla. Petro que, no obstante, no podía asesinarlo -debido a que este había sido su huésped- lo envía a Licia para que matase a la Quimera. Dicho monstruo asolaba el país, y es descrita por Homero con estas palabras:
“Era esta de raza divina, no humana: por delante león, por detrás serpiente, y en medio cabra, y exhalaba la terrible furia de una ardiente llama. Pero logró matarla, fiado en los portentos de los dioses” (Homero, Ilíada, VI, 179-182. Trad. de Emilio Crespo Güemes, 1996).
Según se desprende del relato de Homero, Belerofonte logró acabar con la Quimera con ayuda de su caballo alado Pegaso, a quien había encontrado en una fuente de Corinto llamada Pirene, y que le acompañaría a partir de ese momento en sus aventuras.
El tema tuvo muchísima repercusión iconográfica, representándose desde el siglo VII a.C., en el arte griego, pero también en Etruria y más tarde en Roma; para posteriormente recuperarse en la época moderna, especialmente en el Barroco.
En este caso, Belerofonte no aparece a lomos de Pegaso, pero su figura equina alada se vislumbra a la izquierda de la composición combatiendo también a la Quimera. Cierra la composición junto a la monstruosa figura, que se ha representado de igual tamaño que este, algo poco habitual en el arte posterior, y que podría responder al soporte donde esta se enmarca, de forma circular en el interior de una cílica. Ello fue frecuente en la pintura vascular de Laconia, pues los maestros de esta región se especializaron en la decoración de copas y cílicas.
Autor de la ficha:
Andrea Gómez Mayordomo.