Fuentes primarias:
Homero, Odisea, XII, 1-200; Escolios a Odisea, 39; Pausanias, IX, 34,3 y X, 5, 12; Higino Fabulae125, 141; Apolodoro, Biblioteca, I, 3,4,7,10,9,25; Ovidio, Metamorfosis, V, 512-562; Estrabón I. 2, 12, 12; V.
Descripción:
El mosaico recoge un tema de gran tradición en la pintura vascular griega y que en Roma pervivió en el arte musivo y parietal: se trata del encuentro de Odiseo/Ulises con las sirenas.
Las sirenas, en el mundo griego, eran unas criaturas con rostro femenino y cuerpo de ave, de genealogía controvertida (ver Fichas seres híbridos: Sirenas). La etimología de su término derivaría de la palabra púnica SIR (canto) o SEIREN (hembra que fascina con sus cantos). Estrabón sitúa la isla donde viven las sirenas en el Golfo de Salerno y es posible que el mito diera cuenta de los peligros que suponía la navegación en esa zona, aunque también podría hacer referencia a un fenómeno acústico que se producía en esa geografía. Según los mitógrafos, las sirenas encantaban a los marineros con sus bellas voces, quienes hechizados por sus melodías, intentaban acercarse tanto a ellas que morían estrellando sus naves contra las rocas.
Es en el Libro XII de la Odisea donde se recogen las advertencias que la hechicera Circe hace a Odiseo sobre los peligros de acercarse a estos seres híbridos, sugiriéndole que selle los oídos de sus compañeros con cera para evitar su muerte segura. Sin embargo, conociendo la astucia del héroe y su gusto por el engaño, le aconseja atarse al mástil de la nave para poder escuchar las funestas voces de las sirenas sin correr peligro alguno.
Las sirenas encarnan los peligros del mar, mientras que el mito en cuestión evoca las tentaciones a las que debe enfrentarse el ser humano. Asimismo, Odiseo adquiere un conocimiento generalmente vedado al hombre, por lo que el relato adquirirá tintes iniciáticos en época posterior. A partir del s. III a. C., estos híbridos se convierten en divinidades relacionadas con el Más allá y su representación abunda en monumentos funerarios.
La obra del Museo del Bardo adornó parte del peristilo de una residencia conocida actualmente como la “Casa de Dioniso y Ulises”, en Duga (Túnez), ya que está acompañada de un mosaico dedicado al enfrentamiento entre el dios griego y los piratas tirrenos. La obra recoge una larga tradición icónica iniciada en la pintura vascular griega, en donde Odiseo ya aparece atado al mástil de la embarcación mientras que sus compañeros son sordos testigos del acontecimiento gracias al consejo de Circe (ver objeto digital 812 correspondiente a Sirenas: estamno de figuras rojas, s. V a.C., del British Museum 1843,1103.31). En el mosaico norafricano, el gran héroe griego constituye el eje central de la composición: aparece barbado, estante, representado frontalmente, con los brazos hacia atrás, sujetado al mástil, vistiendo una túnica corta blanca y un pilos. La actitud hierática de los marineros que lo acompañan portando un escudo limita el dinamismo de la escena: han soltado los remos y no dirigen el timón de la embarcación, la cual está ricamente decorada pero parece ser demasiado pequeña para albergar figuras de tal calibre. La nave se apoya sobre una suerte de franjas horizontales en distintos tonos azulados y rojizos, con dos delfines en el ángulo izquierdo. No obstante, el fondo de color claro aparece interrumpido por peces y líneas oscuras en zigzag, quizá para aludir a la peligrosidad del mar. A la izquierda, un marinero sosteniendo una gran langosta en una pequeña embarcación podría referir a la riqueza del mar.
En este caso, los rasgos zoomorfos de las sirenas se reducen a las extremidades inferiores: aunque sus piernas son, en realidad, oscuras garras, el torso y el rostro son de gran belleza, mientras que las alas recuerdan a las de una victoria y no a las de una bestia híbrida. Es en los últimos años del s. VI a. C. cuando las sirenas, situadas en un promontorio rocoso, se representan acompañando su canto con instrumentos musicales, a saber: una con aerófono, una cantante (generalmente ocupando la posición central) y otra con un cordófono, generalmente una lira. En la obra que nos ocupa, la primera de ellas sujeta un instrumento de largos tubos estrechos y cilíndricos, posiblemente una tibiae o tubos fenicios.
Un mosaico similar puede encontrarse en Argelia, originalmente decorando una fuente y actualmente conservado en el Musée de Cherchell. En este caso, son dos las sirenas que flanquean a la nave de Ulises, con una clara perspectiva frontal. La tentación de Odiseo/Ulises en Dougga parece plasmarse como si de una obra teatral se tratara, ya que todos los personajes devuelven la mirada al espectador. Si bien en el arte tardoantiguo musivario abundaron las representaciones de músicos, juegos, deportes y pantomima asociadas a los triclinia, es posible que en este caso se trate de una manifestación de los saberes filosóficos del dominus de la residencia, en consonancia con las corrientes estoicas y neopitagóricas de la época.