Descripción:
Odiseo (Ulises para los romanos) encarna como ningún otro personaje literario los atributos inherentes que todo héroe ha de poseer, relacionados con la guerra y la diplomacia, dos aspectos vitales que le otorgarán gran popularidad en la Antigüedad. Si bien ya aparece en múltiples episodios de la Ilíada, es en la Odisea donde se describen las desventuras del héroe: tras el fin de la guerra de Troya, Odiseo, junto a sus compañeros, tardará diez años en regresar a su Ítaca natal. Los epítetos más habituales que acompañan su nombre son “el astuto”, “el de muchas manías”, “el de muchos senderos” o “el de multiforme ingenio”; es brillante, elocuente, persuasivo y perseverante. Sin embargo, más allá del éxito rotundo en el campo de batalla y en las cortes en las que es acogido, la nostalgia por volver a Ítaca, junto a su familia, impregna los relatos que protagoniza el héroe.
Odiseo era rey de Ítaca, una isla situada frente a la costa occidental de la actual Grecia. El reino lo hereda de su padre, Laertes, quien se une a Anticlea, hija de uno de los Argonautas, que dará a luz al héroe y a su hermana, Ctímene/Timena. Otras versiones atribuyen su paternidad a Sísifo (Higinio, Fábulas 201). Aunque inicialmente pretendió a la bella Helena, Odiseo consideró que sería menos problemático desposarse con Penélope, hija de un celoso campeón de carreras de Esparta, de cuya unión nació Telémaco, mientras que otros autores añaden a Poliportes (Apolodoro, Biblioteca 7.35).
Las fuentes literarias antiguas no profundizan en su aspecto físico, excepto quizá por la cicatriz de su rodilla, producto de un encontronazo con un jabalí cuando iba de caza junto a su abuelo materno, Autólico, en el monte Parnaso. Esta marca será clave en su regreso a Ítaca, ya que, gracias a ella, será reconocido por su nodriza.
La pintura vascular del período clásico creará el modelo iconográfico de Odiseo que pervivirá en época romana, aunque con algunas variantes. El héroe puede aparecer barbado o imberbe, con la cabellera enmarañada o cubriendo su testa con un pilos. El enócoe conservado en el Metropolitan Museum (New York) lo presenta de perfil, al paso, con el arco tensado y la flecha a punto de ser disparada. Viste un chitón corto y su cabellera se halla revuelta, posiblemente evocando al momento en el que Odiseo, ya mayor, regresa a su casa y da muerte a los amantes de su esposa. Curiosamente, aunque el arma más recurrente en los vasos griegos es el arco y la flecha, en los textos lo son la espada y la lanza. Así lo recoge la escultura romana (copia de un original procedente de Pérgamo) expuesta en el Museo Arqueológico de Venecia (inv.no. 98), en donde el héroe aparece semidesnudo, cubriendo su espalda con una clámide, en actitud alerta, empuñando la espada en la mano derecha. Protege su cabeza con un pilos, gorro de fieltro cónico, posiblemente de origen oriental, muy popular entre los viajeros, marineros y trabajadores en general, aunque en Roma será un atributo de los libertos. En ocasiones, Odiseo también aparecerá tocado con otro tipo de sombrero, el petasos: ambas prendas aluden a un origen distante y a la naturaleza dinámica, siempre en movimiento, de aquellos que las llevan (Hermes/Mercurio, Dioscuros, etc.).