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Objeto Digital 1176
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Identificador:
 1176
Nombre:
Belerofonte
Héroes y Heroínas
Héroes:
 
Belerofonte
Nombre:
 
Belerofonte
Tema:
 
Belerofonte montado en Pegaso vence a la Quimera.
Atributos iconográficos:
 
Montura sobre Pegaso, lanza.
Autor:
 
Peter Paul Rubens (1577-1640).
Escuela:
 
Barroca flamenca.
Período/Cronología:
 
c. 1635 (Periodo barroco).
Soporte y técnica:
 
Pintura al óleo sobre tabla.
Dimensiones:
 
39 x 27,5 cm.
Localización (Institución, Colección):
 
Bayona, Francia (Museo de Bonnat-Helleu, inv. 458).
Fuentes primarias:
 
Homero, Ilíada, VI, 144 - 221.
Hesíodo, Teogonía, 319 y ss.
Hesíodo, Catálogo de las mujeres, fr. 7.
Píndaro, Odas, XIII, 60 y ss.
Apolodoro, Biblioteca, I, 85; II, 30-33.
Quinto de Esmirna, Posthoméricas, X, 170 y ss.
Estrabón, Geografía, VIII, 6, 20; XIV, 3, 5.
Pausanias, Descripción de Grecia, II, 27, 2; III, 18, 13.
Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica, VI, 9.
Higino, Fábulas, 57.
Apuleyo, El asno de oro, VIII, 16 y ss.
Descripción:
 
Se trata de una pintura realizada por el maestro flamenco P.P. Rubens (c.1635) en la que, bajo su característico estilo grandilocuente, muestra el tema del enfrentamiento entre el héroe Belerofonte a lomos de Pegaso contra el monstruo de Quimera. Belerofonte fue, sin duda, el héroe predilecto de la ciudad de Corinto, hijo de Glauco (uno de los primeros monarcas de Corinto que acabaría siendo un genio marino) o de Posidón, según las distintas versiones mitológicas. Una de las historias más famosas que protagonizó, fue cuando se encontró con el caballo alado Pegaso (nacido de la sangre de Medusa) en la fuente de Pirene. Este asunto fue representado desde la Antigüedad clásica, en el que el héroe logró domar al caballo alado, que se convertiría en su compañero de aventuras y también en su signo distintivo en las artes. Sin embargo, el tema de su enfrentamiento contra el monstruo de la Quimera es el que mayor repercusión iconográfica tuvo. Narra el mito que cuando Belerofonte, en compañía de Pegaso, salió de Corinto y fue a la ciudad de Tirinto, la reina Estenebea se enamoró de él. Sin embargo, Belerofonte la rechazó, por lo que, la mujer, dolida, buscó vengarse y lo acusó ante su marido, el rey Preto, de intentar seducirla. Debido a las antiguas leyes de hospitalidad, que prohibían matar a un huésped (como era Belerofonte), Preto decidió enviar a Belerofonte a Licia (Asia Menor), con el pretexto de entregarle una carta al rey de dicho país. Este, llamado Yóbates, advierte que se le pide asesinar al mensajero al leer la carta, por lo que envió a Belerofonte a enfrentarse contra un monstruo terrible, como era la Quimera. Es Homero quien describe a este horrible ser ”Era ésta de raza divina, no humana: por delante león, por detrás serpiente, y en medio cabra, y exhalaba la terrible furia de una ardiente llama. Pero logró matarla, fiado en los portentos de los dioses” (Homero, Ilíada,, VI, 179-182. Trad. de Emilio Crespo Güemes, 1996).
El tema del enfrentamiento contra la Quimera fue representado desde muy antiguo, pues surge desde el siglo VII a.C., y será ampliamente difundido en la cerámica griega. En el arte etrusco y en el romano también se representó en algunos relieves, y en mosaicos, donde se aprecia el esquema prototípico de Belerofonte, a lomos de Pegaso asesinando con una lanza al temible monstruo. Dicho esquema perduró en la Edad Media en algún manuscrito, pero especialmente empezó a cobrar relevancia de nuevo a partir de la Edad Moderna, como se aprecia en este ejemplo de Rubens. En este caso, la lectura iconográfica adquirirá un nuevo matiz más moralizante, pues según el análisis de C. Ripa, este combate habría de ser visto como la victoria de la virtud sobre los vicios (Elvira Barba, 2017, p. 392). Se trata de una bellísima composición, abierta, en la que se puede apreciar al héroe de Corinto, ataviado con casco y armadura, cómo emerge desde el aire a lomos de Pegaso, para abalanzarse con fuerza sobre la Quimera y clavarle la lanza que acabará con su vida. Bajo este, se vislumbra el monstruo compuesto por tres cabezas (león, cabra y serpiente), del cual se destaca la fiereza del león, que abre sus fauces y eleva sus garras advirtiendo el peligro. El protagonismo de la obra, sin duda, es para el claro vencedor, que aparece en el centro de la composición y sobre quien incide el foco de luz principal. En contraste, el monstruo figura en el margen inferior derecho. La pintura de Rubens no fue excepción en el caso de la representación de este tema en cuanto a su estilo, pues la obra hace gala de su gran habilidad técnica, como se aprecia a través de la profundidad (destacando el escorzo de la parte trasera del caballo), y también del movimiento del que está dotada la composición, recurso expresivo que acentúa el dramatismo de la escena.
Autor de la ficha:
 
Andrea Gómez Mayordomo.
Objeto Digital 1176
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