Localización (Institución, Colección):
Colección privada. Nueva York, Callimanopoulos Coll.
Fuentes primarias:
Homero, Odisea, XII, 1-200
Escolios a Odisea, 39
Pausanias, IX, 34,3 y X, 5, 12
Higino, Fabulas, 125, 141
Apolodoro, Biblioteca, I, 3,4,7,10,9,25
Ovidio, Metamorfosis, V, 512-562
Descripción:
Desde Homero (Odisea XII), el encuentro de Odiseo y las sirenas fue un asunto ampliamente tratado, tanto por escritores, como por artistas. La fama de los poemas del aedo fue tal que los vasos pintados griegos se hicieron amplio eco del episodio: se había forjado un mito llamado a tener larga pervivencia, sometido a diversas interpretaciones de naturaleza geográfica, de naturaleza simbólica y también de naturaleza musical.
Con las siguientes palabras, Circe instruía al héroe griego para que afrontara el paso de las sirenas: Oye ahora lo que voy a decir y un dios en persona te lo recordará más tarde. Llegarás primero a las sirenas, que encantan a cuantos hombres van a su encuentro. Aquel que imprudentemente se acerca a ellas y oye su voz, ya no vuelve a ver a su esposa ni a sus hijos pequeñuelos rodeándole, llenos de júbilo, cuando torna a sus hogares; sino que le hechizan las sirenas con el sonoro canto, sentadas en una pradera y teniendo a su alrededor enorme montón de huesos de hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo. Pasa de largo y tapa las orejas de tus compañeros con cera blanda, previamente adelgazada, a fin de que ninguno las oiga; mas si tú desearas oírlas, haz que te aten en la velera embarcación de pies y manos, derecho y arrimado a la parte inferior del mástil, y que las sogas se liguen al mismo; y así podrás deleitarte escuchando a las sirenas. Y caso de que supliques o mandes a los compañeros que te suelten, átente con más lazos todavía (Odisea XII, 37 y ss.). Y así, atado al mástil de su embarcación, lo representaron los artistas. Unos versos más adelante, la Odisea evoca las palabras que las magas cantoras pronunciaron al paso de la embarcación: Ven, ¡Oh ilustre Ulises!, alta gloria de los aqueos. Detén tu nave a fin de que escuches mi voz. Ningún hombre ha pasado de nuestra isla a bordo de su negra nave sin escuchar nuestra dulce voz, sino que se han alejado llenos de alegría y sabiendo muchas cosas. Sabemos, en efecto, todo cuanto han sufrido aqueos y troyanos ante la vasta Troya por la voluntad de los Dioses, y sabemos asimismo todo aquello que ocurre en la tierra nutridora… (Odisea XII, 184 y ss.)
En esta jarra (enócoe), la imagen muestra el paso de la embarcación entre las rocas de las sirenas, un desplazamiento que al igual que en otras piezas contemporáneas (como en el estamno procedente de Vulci (ID 1113), se ha representado hacia la izquierda. La proa del barco tiene forma de cabeza de jabalí y la vela de la nave está desplegada, henchida por el viento, subrayando la impresión del desplazamiento. Compositivamente es una obra muy interesante, que se aleja de los patrones habituales, ya que la embarcación sólo se ha representado de forma parcial, no siendo visible la popa de la misma. Las tres sirenas están situadas en el mismo promontorio rocoso, situado en el margen izquierdo de la escena: una toca la lira, otra el aulós y la central, con el ademán expresivo de sus manos parece indicar su actitud canora. Además del rostro femenino, las figuras han comenzado a humanizarse levemente, ya que también poseen manos y brazos humanos. En este sentido, merece asimismo destacarse, que sus peinados -de largo cabello trenzado- son similares a los que lucen las Koraiarcaicas y que, como ellas, lucen llamativos pendientes.