Fuentes primarias:
Hesíodo, Teogonía, 820-880; Píndaro, Píticas 1, 15 ss.; Esquilo, Prometeo encadenado, 350 ss.; Antonino Liberal, Metamorfosis, 28; Ovidio, Metamorfosis, V, 321 ss.; Higinio, Fábulas, 152; Apolodoro, Biblioteca I, 6, 3; Himno Homérico a Apolo Pítico II, passim; Nono de Panópolis, Dionisiacas, I, 481 ss.; Plutarco, De Isis et Osiris, passim.
Descripción:
La denominada Tumba de Tifón o Tumba de los Tifones, descubierta en la primera mitad del siglo XIX y ubicada en la necrópolis de Monterozzi, cerca de Tarquinia, consta de una amplia cámara funeraria dominada por un altar central al que se ha anexado un potente pilar cuadrangular; en los muros que delimitan el espacio se dispone una triple estructura escalonada destinada a albergar los sarcófagos de la familia de Laris Pumpu. Es ésta una de las tumbas de datación más tardía de esta necrópolis (siglos III-I a.C.), con evidentes influencias helenísticas. La decoración pictórica, aunque muy deteriorada en algunas zonas, adornaba toda la superficie de la tumba: el zócalo superior presenta un friso de olas y delfines de gran belleza y se conservan también los restos de dos procesiones funerarias, una en el muro ubicado la derecha de la entrada y otra situada en la base del altar central.
Esta tumba toma su nombre, no obstante, de las dos figuras de Tifón que decoran dos paneles contrapuestos del pilar central; las dos caras restantes de este potente poste cuadrangular presentan una inscripción y una cariátide alada que guarda una estrecha relación con las imágenes de Tifón. El enemigo de Zeus se muestra como un hombre desnudo, cuya anatomía de claroscuros remite a modelos helenísticos; este arquetipo etrusco del monstruo heleno conserva sus principales características, las alas y las sierpes. En este caso, las serpientes se fusionan con el cuerpo humano en la articulación de las rodillas; este prototipo difiere de la visión tradicional de la pintura vascular griega, donde el ofidio se representaba como el miembro inferior del monstruo o bien se dividía formando una sierpe bífida que sustituía sus piernas. Es evidente que esta visión etrusca se inspira en esas visiones bífidas.
En contraste con las tonalidades ocres que definen la anatomía humana de Tifón, los elementos híbridos, tanto las alas como las sierpes, han sido coloreados con tonos azulados que resaltan el carácter heterogéneo de su anatomía. Resulta, además, particularmente interesante la disposición de estos Tifones a la manera de Atlantes, como sosteniendo con sus brazos alzados el techo de la tumba. Estrechamente relacionada con ellos, una figura femenina se dispone del mismo modo en otro de los paneles del pilar; las volutas que rematan el cuerpo de esta estilizada cariátide evocan las sierpes de sus acompañantes masculinos.
Finalmente, la presencia de este monstruo en el contexto funerario es difícil de explicar. Puede, en cualquier caso, hacer referencia a la relación de Tifón con el fuego, ya que, tal y como relatan tanto Esquilo (Prometeo encadenado, 370 ss.) como Píndaro (Píticas, 1, 19), Tifón fue sepultado por Zeus bajo el Etna. En este sentido, su presencia remite también al Hades y a ciertas deidades etruscas como Turms, dios psicopompo que solía portar un cetro con una sierpe, e, incluso, a Charum, identificado con el Caronte heleno quien, además de sujetar también ofidios en sus manos, solía ser representado como un ser alado. En cualquier caso, la presencia de Tifón en el Hades evoca las palabras de Píndaro: ”Así en atroz castigo Tifeo, el enemigo de las deidades, en el Orco gime. Nutrieron sus cien bocas de Cilicia las rocas, y Cumas hoy su hirsuto pecho oprime; y aplasta su cabeza el Mongibelo, de nieve creador, pilar del cielo. En su seno profundo, de fuego furibundo, el Etna nutre inagotables fuentes. De día, negra nube espesa al éter sube; mientras de noche, líquidos torrentes de lava el monstruo de Vulcano arroja, que al mar girando van, cual sierpe roja” (Oda Primera. A Gerón Etneo, rey de Siracusa, 19 ss.).