Fuentes primarias:
Arquíloco, Fragmentos poéticos, 287; Píndaro, Fragmentos., 249; Sófocles, Traquinias., 1-30; Apolodoro, Biblioteca, II, 7, 5; Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica, IV, 35, 4; Ovidio, Metamorfosis, IX, 27-88; Pausanias, Descripción de Grecia, III, 18, 16 y VI, 19, 12.
Descripción:
Se trata de una crátera de figuras rojas que presenta por una de las caras el tema del enfrentamiento entre Heracles y Aqueloo por el amor de Deyanira. El mito, relatado por autores como Sófocles en las Traquinias (obra donde se relata de manera más extensa entre los autores clásicos), narra cómo el dios-río Aqueloo, que personificaba uno de los ríos más extensos de Grecia y que funcionaba como frontera natural entre las regiones de Etolia y Acarnania, se enamoró de la princesa Deyanira. Ésta, era hija del rey de Calidón, Eneo, pero no le atraía para nada la idea de desposarse con tal dios, que por su condición de divinidad acuática, tenía el poder de la metamorfosis, pudiéndose aparecer en forma de distintos seres monstruosos, que disgustaban a la joven. Testimonio de los distintos seres en los que se transformaba el dios nos lo cuenta Sófocles, a través de las palabras de la propia Deyanira: “En efecto, tenía como pretendiente un río, me refiero a Aqueloo, el cual bajo tres apariencias, me pedía a mi padre. Se presentaba unas veces, en figura de toro, otras, como una serpiente de piel moteada y, otras, con cara de buey en un cuerpo humano. De su sombrío mentón brotaban chorros de agua como de una fuente" (Sófocles, Traquinias, 8-15. Trad. de Assela Alamillo, 1981).
Debido a ello, en cuanto el héroe dorio Heracles se presentó ante la corte del rey Eneo y pidió la mano de su hija, esta aceptó encantada. No obstante, el casamiento no sería tan fácil, ya que antes debía de enfrentarse al dios-río Aqueloo, que también la había pretendido. De esta manera, tiene lugar dicho enfrentamiento, en el cual las fuentes escritas relatan cómo el dios fluvial se iba metamorfoseando en diversos seres con el fin de escapar del forzudo Heracles, quien finalmente le arrancó su cuerno y con ello derrotó a Aqueloo. Dicho cuerno, según algunas versiones mitológicas sería considerado como el cuerno de la abundancia o cornucopia, que paradójicamente pasará a ser atributo por excelencia de las divinidades fluviales en el arte, a partir de época helenística.
La representación que nos muestra esta crátera, no obstante, resulta interesante, puesto que no muestra el esquema compositivo propio del mito en el arte de esta época, como es el momento preciso del enfrentamiento entre los dos personajes, si no que nos muestra a un dios Aqueloo representado de forma totalmente antropomorfa, aunque conservando todavía los cuernos que se vislumbran en su sien. En el centro, aparece la figura de Heracles imberbe (algo poco habitual en el arte griego), desnudo, y portando la clava y la leontea como atributos propios asociados al héroe. A su izquierda, se vislumbra a la princesa Deyanira, ricamente ataviada, con corona y entronizada. A su lado aparece la diosa Nike, que lleva alas y porta la corona de la victoria, pues es ella la que tiene el deber de coronar al vencedor del duelo. Tras Deyanira, se sitúa otra figura femenina, cuya identificación es compleja al no vislumbrarse los tituli que la nombrarían; no obstante, es posible que se trate de una ayudante o sierva de la princesa, debido a su menor tamaño y al papel secundario que tiene en la composición, como espectadora de la escena.
Finalmente, a la izquierda de Heracles se aprecia la figura en posición reclinada de un hombre de aspecto maduro, con cabellos y barba canosa, y que porta un cetro en su mano derecha, objeto propio de los reyes griegos como era Eneo, el padre de Deyanira. Aqueloo aparece en la parte superior, acomodado y portando una corona, con los únicos testimonios que posibilitan su identificación, como son los tituli y los pequeños cuernos en la sien, atributo propio de los dioses-río en el arte del Postclasicismo.
La pieza sin duda resulta interesante por el tipo iconográfico que muestra, pues quizás represente el momento previo al enfrentamiento, cuando Aqueloo ya se ha entrevistado con Eneo, y han pactado el casamiento, pero la llegada de Heracles cambia el curso de la historia mitológica. No se han hallado paralelos en el arte griego que muestren este momento del mito, lo que hace particular esta crátera.
Otra singularidad, sin duda, es el aspecto jovial de Aqueloo -al igual que el de Heracles-. Sabemos que en este periodo otros dioses-ríos se empiezan a representar con un aspecto imberbe y pequeños cuernos en la sien en algunas monedas del sur de Italia y de Sicilia, evidenciando una tendencia hacia el antropomorfismo en la iconografía de las divinidades fluviales; pero sin duda, eso no es lo propio del dios-río Aqueloo, y podría tratarse de una contaminatio iconográfica. Este dios-río, en cambio, por lo general y hasta bien entrado el Helenismo en época romana no se suele representar de forma antropomorfa, sino más bien con su otro prototipo habitual como es el de figura híbrida entre toro y humano, de toro androcéfalo (también llamado toro androsopos); aunque su rasgo propio como son los cuernos no se pierden nunca como sucede en época romana, momento en que surge otro modelo de representación del mito: el momento de su derrota, por la influencia del relato de Ovidio, que empezará a tener mayor repercusión frente al de Sófocles, y cuya influencia perdurará hasta la Edad Media y Época Moderna.
En la otra cara de la pieza, se puede observar a la izquierda una figura femenina que está tocando el aulós. Debido a su inscripción en griego, Thaleia, podría ser identificada como la musa de la comedia. A su lado, se sitúa un personaje llamado Simos, que está bailando y cuya piel pilosa nos indica que se trata probablemente de un sátiro. No obstante, es posible que se trate de un actor ataviado con dicho disfraz piloso. Finalmente, a la derecha del mismo, otro sátiro, Skirtos, aparece en posición estante sosteniendo un tirso, atributo propio de los personajes que formaban parte del cortejo de Dioniso.
Es posible que esta última escena guarde relación con la primera en el sentido de que el enfrentamiento entre Heracles y Aqueloo tuvo bastante repercusión en el teatro griego, como atestigua la obra de Sófocles.