Fuentes primarias:
Homero, Odisea, X, 135 – 575; Higino, Fábulas, CXXV; Apolodoro, Epítome, VII, 14 – 17; Ovidio, Metamorfosis, XIV, 241 – 307.
Descripción:
Esta arula votiva, procedente de Sicilia y realizada en terracota policromada, representa una de las imágenes más antiguas de la diosa-maga Circe. De estructura rectangular, cuenta con decoración pictórica en tres de sus lados, cuyos paneles están enmarcados por una cornisa en su parte superior y un zócalo en la inferior, ornamentados ambos con motivos geométricos (meandros en la cornisa y ovas en el zócalo). La cara trasera está desprovista de decoración, pero conserva los dos agujeros circulares cuya función fue la de facilitar la cocción de la pieza. En la parte superior apenas perduran restos de policromía, lo que imposibilita su lectura iconográfica; no obstante, esta quedaría oculta por los objetos que se colocaban en el arula, como ofrendas o estatuillas votivas.
El panel frontal es el único decorado con relieves policromados, y representa el tema de Heracles persiguiendo a Tritón, asunto atestiguado también en la pintura vascular griega de figuras negras, pero del que no se conservan testimonios literarios. Es destacable cómo el cuerpo de Heracles, de menor tamaño que el del pisciforme Tritón, se encuentra suspendido en el aire, como un recurso expresivo que sitúa la escena en el medio acuático. Nuevamente el héroe Heracles aparece representado en lucha contra un centauro en la cara lateral derecha de la pieza, apenas visible debido al estado de conservación de la policromía.
El tercer panel ornamentado del arula es el que muestra el pasaje mitológico protagonizado por la diosa-maga Circe, en la cara lateral izquierda. Sobre un fondo neutro, se ha representado a la izquierda una figura híbrida, con cuerpo humano masculino y efigie de jabalí, junto a una figura femenina a la derecha. Estilísticamente, se aprecian ciertos convencionalismos arcaicos en la pieza, como la diferenciación cromática por sexos, siendo la izquierda ocre y la de la mujer más clara. Además, se han representado desnudos, destacándose la anatomía musculada de las dos figuras, que interactúan entre sí mediante un intercambio de miradas y en actitud de caminar hacia el otro, proporcionando cierto movimiento a la escena.
La imagen ha sido identificada como la representación de Circe ofreciendo un brebaje venenoso a uno de los compañeros de Odiseo, pues tal y como relata Homero en la Odisea (X, 135 – 575), al llegar estos a la isla de Ea, la tripulación se divide y la parte que va a explorar el palacio de la Circe acaba siendo transformada en cerdos por la hechicera tras beber el líquido que la diosa les ofrece. Debido a ello, los compañeros de Odiseo, víctimas de la bruja, se muestran híbridos en el arte griego, como un recurso expresivo que indica su metamorfosis. Cabe destacar que no siempre se representan como híbridos de cerdos o jabalíes, pues las fuentes iconográficas discrepan con las literarias, hallándose en la pintura vascular griega representaciones de híbridos entre leones o carneros, entre otros animales (y por tanto reflejando otras versiones del pasaje mitológico como la que relata Apolodoro (Epítome, VII, 14 – 17). No obstante, lo más frecuente es verlos con cabeza de cerdo, y más específicamente de jabalí, como es en este caso. En contraposición, en estas escenas, en las que no siempre aparece la figura de Odiseo, Circe porta como atributos la copa con el veneno y su varita mágica, tal y como se vislumbra en la pieza, donde aparece revolviendo el líquido con su varita. Ello podría explicar la postura algo artificial de la figura híbrida en el arula, pues la parte superior de su cuerpo contrasta claramente con la inferior, ya que dirige sus brazos hacia el lado contrario de la mujer, acaso en señal de huida al advertir las malvadas intenciones de la hechicera. Encontramos composiciones similares que representan esta misma escena en piezas griegas de cronología posterior, como por ejemplo en un pélice ático de figuras rojas, donde se puede apreciar cómo el marinero transformado eleva su mano derecha en señal de rechazo a la pócima que prepara Circe. No obstante, lo interesante de la pieza se halla en la sencillez de la composición, pues la escena la componen únicamente dos figuras; y por la desnudez de la diosa, que, si bien aparece en otras representaciones de cronología similar, han llevado a algunos autores como Devambez, a relacionar la pieza con cultos locales y a considerarla de factura local siciliota. Si atendemos a relacionar la escena con las otras representaciones en el arula, el punto en común lo hallamos en la representación de seres híbridos -como lo son Tritón y el centauro-; no obstante, no es posible aportar mucha más información al no poseer ningún documento que permita saber la localización exacta del arula.
Finalmente, debido al tamaño de la pieza, a pesar de encontrarse descontextualizada -lo único que sabemos es que fue adquirida a principios del siglo XX por la familia del marqués de Ganay en Sicilia-, podemos pensar que probablemente se hallara en alguna casa, donde abundaban este tipo de altares (arulae) ligados a cultos domésticos. Si bien, también se ha propuesto que pudiera tener a su vez alguna vinculación con el mundo funerario, pues estas piezas también se hallan frecuentemente en las necrópolis (bien en el interior o al lado de las tumbas), y su pequeño tamaño facilitaría su traslado al cementerio. De cualquier modo, es cierto que la diosa Circe debido a su estrecha conexión con Hécate (diosa griega de las tinieblas por antonomasia que precisamente según el sículo Diodoro en su Biblioteca, IV, 45, 1, la considera su madre), se vincula con la magia y el mundo de la oscuridad, y por ende con el mundo funerario.