Descripción:
Se representan las bodas de Hebe y Heracles, en una procesión nupcial. Los novios están flanqueados por una pareja de Erotes, que en este caso son Eros y quizás Himeneo, por ser portador de una antorcha (atributo de Himeneo): de nuevo el Eros no individual, Erotes gemelos que reciben distintos nombres. Eros, a la izquierda, coloca el velo a la novia. A la derecha, Himeneo preside la ceremonia llevando la antorcha nupcial. Los dos Erotes son iguales: tienen el aspecto y tamaño de niños de unos diez o doce años; desnudos, dotados de alas rojas, mientras que sus cuerpos son blancos, como también el cuerpo y el traje de la novia. Pero el novio –el personaje masculino- está todo él pintado de rojo, en contraste frecuente. Hebe lleva un quitón de mangas largas, ricamente bordado, un velo rojo y joyas. Heracles, desnudo, con sólo un pequeño manto que le cuelga de un hombro y de un brazo, tiene en la mano izquierda la clava (o maza), su atributo. Con la mano derecha agarra de la muñeca a Hebe, con el gesto típico con que los hombres conducen a las mujeres (al matrimonio, o para raptarlas, o llevándoselas en cautividad o a la muerte incluso).
Las bodas se celebran en el Olimpo ante los dioses, pues Heracles tras su muerte asciende al Olimpo y es hecho inmortal como otro dios más. Prueba de su nueva condición es el hecho de que le dan en matrimonio a la diosa Hebe, hija de Zeus y de Hera, como un medio también de reconciliación con esta, la furibunda enemiga del héroe. Así pues, hay en la escena otros dioses alrededor; entre ellos, Atenea, Zeus y Hera, sentados en sus tronos, los tres claramente identificables por sus atributos: Atenea, sus armas características y Zeus y Hera, sus coronas y cetros, en los que se apoyan, al igual que Atenea en su lanza. Esta se halla frente a Hera exactamente, con su lanza y cetro respectivos muy próximos, en paralelo. ¿Quizás eso significa su fuerte oposición en relación a sus sentimientos hacia Heracles? Afecto fraternal y constante auxilio de Atenea y odio enconado de madrastra y continua persecución y saña de Hera. Pero ahora ambas miran hacia Heracles y Hebe, y Hera, sentada junto a Zeus (lo cual, en todo caso, es lo habitual en la iconografía de la pareja real divina), tiene su brazo sobre el hombro de él, actitud cariñosa que en absoluto es ya propia de estos esposos tradicionalmente tan mal avenidos, en especial a causa de los celos de Hera. Esto parece indicar su reconciliación y el cese de la enemistad y agresividad de Hera contra Heracles, el hijo de Zeus y de la mortal Alcmena.
Otro tercer Eros (igual a los otros dos) se encuentra precisamente en el otro extremo del círculo, al lado de Zeus, apoyado en su trono. Junto a este Eros, que les da la espalda, hay dos mujeres (sirvientas de la novia probablemente), una frente a otra, hablando entre sí, que constituyen una composición muy simétrica, pues otro de los Erotes (Eros) se encuentra al otro lado, asimismo de espaldas a ellas. Una lleva una caja con las joyas de la novia y la otra una hidria loutrophóros con el agua para el baño nupcial. Por último, junto a Himeneo, delante de los novios, hay una diosa o mujer sosteniendo dos antorchas, de modo que tanto ella como Himeneo alumbran el cortejo nupcial. Parece – por su posición, estática, frente al cortejo que se aproxima en procesión- que los recibe en el nuevo hogar de los desposados; es decir, en el Olimpo, en donde se hallan sentados esperando sus más importantes moradores. Y esta es la función habitual de la madre del novio en las ceremonias de matrimonio. ¿Podría entonces tratarse de Alcmena, la madre del héroe, divinizada como su ilustre hijo? ¿O quizás se trata de Hécate, cuyo atributo son las antorchas, y que con ellas precede otra importante “procesión nupcial” mítica, la de Hades llevándose a Perséfone como esposa a su reino infernal? Siempre se señalan las analogías entre los cortejos fúnebres y los nupciales y entre ambos rituales.
En cuanto a Himeneo, hay autores (como Linant de Bellefonds 1990, p. 585) que no consideran que sea alado y no lo identifican con uno de los Erotes. Himeneo es la divinidad que preside las ceremonias de boda, y así se llaman también las canciones que entonan los acompañantes durante la procesión nupcial, en que la novia es llevada a la casa del novio en medio de cantos jubilosos, danzas e invocaciones al dios. Ya aparece una descripción en la Ilíada de Homero:
…Se celebraban bodas y festines: las novias salían de sus habitaciones y eran acompañadas por la ciudad a la luz de antorchas encendidas, oíanse repetidos cantos de himeneo, jóvenes danzantes formaban ruedos, dentro de los cuales sonaban flautas y cítaras, y las matronas admiraban el espectáculo desde los vestíbulos de las casas. (Trad. Luis Segalá. Ilíada XVIII 491ss.).
Y en Safo de Lesbos (poetisa de la lírica monódica, de s. VII-VI a. C.), un canto nupcial:
Arriba el techo, himeneo, levantadlo, carpinteros: himeneo, ya llega el novio igual a Ares, himeneo, mucho más alto que un hombre alto (frgm. 111 Voigh. Trad. Adrados)
Personificado ya el canto nupcial, invocado como dios, lo encontramos claramente en la tragedia Troyanas de Eurípides: cuando la princesa troyana Casandra, enloquecida tras la derrota, en medio de furor “báquico”, aparece con antorchas elevando un himeneo por sus falsas bodas -su concubinato- con el enemigo Agamenón:
Casandra: Ilumino con antorchas el templo ¡Oh soberano Himeneo, feliz es el novio y feliz yo que en Argos voy a unirme al lecho de un rey! ¡Himen, oh soberano Himeneo! Porque tú, madre, con lágrimas y sollozos te lamentas de mi padre muerto y de la querida patria, pero yo por mis nupcias levanto la llama del fuego, para brillo, para resplandor, para darte, oh Himeneo, para darte, oh Hécate, luz sobre los tálamos de las vírgenes, como es ritual. [...]¡Himen, oh Himeneo, Himen! Danza, madre, recobra tu risa [. ] Gritad a Himeneo, ¡oh!, y a la novia con
felices cantos y alaridos. ¡Vamos, hijas de bellos peplos de los frigios, cantad al esposo de mis bodas, al esposo señalado para mi cama (Troyanas 310-41. Trad. J.L. Calvo)
La presencia de Eros en las escenas de procesión nupcial (o de otros momentos rituales relacionados con la ceremonia de bodas) es frecuente, tanto en las imágenes mitológicas como en las de la vida real. Por ejemplo, en las bodas de Tetis y Peleo, o en las de Helena y Paris. Como procesión nupcial, semejante a esta en algún aspecto, podemos considerar una representación del “rapto” de Helena por Paris (escifo ático de figuras rojas del pintor Macrón. Ca. 485 a. C. Boston, Museum of Fine Arts 13.186): los “novios” y su cortejo, caminando también –aunque el cortejo nupcial suele trasladarse en carro-, van acompañados de los dioses del amor, que en ese caso son un pequeño Eros que revolotea entre los novios, Afrodita y Peithó (Persuasión, hija de Afrodita). Afrodita coloca el velo a la novia, al igual que Eros en nuestra imagen. El novio, Paris, lleva a su desposada asimismo cogida por la muñeca, aunque su ademán y su actitud general son más impulsivos, apresurados y quizás agresivos, lo cual es totalmente lógico dada la diferencia de circunstancias entre uno y otro.
Y en escenas de la vida real: por ejemplo, en un loutrophóros de figuras rojas de ca. 425 a. C. (Boston, Museum of Fine Arts 03.802), que presenta similitud con nuestra píxida y asimismo con el escifo de Macrón con Helena y Paris de que acabamos de hablar: caminando, el novio conduce a la novia de la mano. Entre ambos revolotea un pequeño Eros (como en el escifo de Macrón), y hay otro simétrico tras la cabeza de la novia. Uno y otro le arreglan el tocado, mientras que una mujer detrás parece colocarle el velo (también como en el escifo de Macrón).
Delante del novio está parada esperando una mujer que sostiene dos antorchas, en analogía esta vez a nuestra píxida, así como por el motivo de los dos Erotes gemelos y simétricos y en el hecho de que el de detrás se ocupe del tocado de la novia.
También hallamos a Eros en otras escenas relativas a los ritos nupciales. Así, en escenas acompañando a la novia en su baño de purificación ritual el día previo a los esponsales. Por ejemplo, en un lebes gamikós (nupcial) de Paestum de figuras rojas del tercer cuarto del s. IV a. C. (Madrid, Museo Arqueológico Nacional 11.445) y en un pélice apulio de fig. rojas del s. IV a. C. (Oxford, Ashmolean Museum AN G. 269).